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REPRESENTANTE DE LENGUA FRANCESA Marie-Christine Rossignolmarie-christine.rosignol@wanadoo.fr20, Fg du Moustier 82000 Montauban France |
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Al final del año 2007 enviamos invitaciones oficiales para el IV Encuentro Internacional de Laicos Cistercienses. Las Bernardinas de Esquermes aceptaron y Madre Josephine -Mary, Priora General, se comprometió a participar en el Encuentro de Huerta. Recibí, como representante francófona del Comité Internacional, una invitación de la casa general de las Bernardinas de Esquermes para ir a hablar del Encuentro de Huerta a Nuestra Sra. De la Plaine, cerca de Lille, con ocasión del Capítulo General de las Bernardinas.
Acepté en nombre del Comité Internacional, comprometiéndome en nombre del miembro francófono del Comité que resultara elegido en Huerta. Como fui elegida yo misma, hice honor a este compromiso.
Este intercambio da testimonio del vivo interés de las Bernardinas por el movimiento laico cisterciense. Un grupo de laicos camina adherido a Nuestra Sra. De la Plaine, el grupo de Flandres.
Hay que subrayar además la ayuda que estas hermanas han aportado al Encuentro Internacional con la presencia Sor Mary- Philippa que ha asumido durante el Encuentro el trabajo de traducción simultánea francés-inglés.
Llegué Lille el sábado 9 de agosto a las 13 horas. Fui acogida por Sor Marie-Josèphe, una de las tres hermanas acompañantes del grupo de Flandres junto con Sor Marie-Simone y Sor Marie-Christiane.
El primer contacto, sencillo, amigable, atento, me produjo un sentimiento íntimo de estar en familia. Desde entonces pude abandonarme a una paz interior muy necesaria, pero siempre muy difícil de percibir en medio del ajetreo de la vida cotidiana.
Desde mi llegada, fui presentada a Sister Mary- Helen, la nueva Priora General, recientemente elegida por sus hermanas por una duración de seis años, de origen inglés.
Pude aprovechar esa tarde de tranquilidad para descubrir mejor la historia de nuestras hermanas Bernardinas. No la conocía. Mi pequeña experiencia marcada más bien por la familia trapense me dejó un poco perpleja al saber que autenticas cistercienses formaban escuela. Y después he conocido su historia de “mujeres fuertes del evangelio”, según el término que me atrevo a emplear.
Comprometidas en la vida religiosa cisterciense desde 1799, después de los tormentos de la Revolución, tuvieron necesidad de una actividad en la enseñanza. A lo largo del siglo XIX, sometidas a otra regla diferente que la de San Benito, por voluntad de un sacerdote que quiso hacer de ellas una congregación apostólica, animado por el obispo del lugar, ellas vivieron su fidelidad cisterciense en secreto. Sus llamadas incesantes a Roma para verse reconocidas cistercienses no dieron resultado hasta la mitad del siglo XX.
Esta fidelidad me ha llegado al corazón; todos los signos de esta independencia, entrañablemente adquirida, no han dejado de habitarme a lo largo de mi estancia y desde entonces hasta hoy.
Previendo su expulsión a comienzos del siglo XX, fundaron en Inglaterra, en Bélgica y desde allí en el Congo, en Japón y en Burkina Faso.
El domingo por la mañana, después de la misa celebrada en la bellísima iglesia recién construida, fui acogida por las hermanas capitulares. Los monasterios habían enviado delegadas y la asistencia reagrupaba a una treintena de hermanas aproximadamente.. Estaba presente una representante de la Orden Cisteciense, Madre Hildegarde de Mariastern (Austria); Dom Guillaume y Madre Inés de OCSO, habían sido recibidos la víspera por el Capítulo. Sus intervenciones habían sido muy apreciadas.
Ante tal asistencia, frente a una “calidad cisterciense” semejante, no tuve miedo. Mi pequeñez incluso me ayuda, fuerte únicamente por todo lo que ya he recibido, en N.D. du Désert, en el seno del Comité Internacional, y durante las jornadas de Huerta.
Por eso mi presentación del movimiento laico cisterciense fue el relato de una experiencia, de mi experiencia. Incluso si yo hubiese querido hacer una exposición muy elaborada, no hubiera tenido tiempo desde el regreso de Huerta , por eso yo decidí hablar sin notas, abrir verdaderamente mi corazón y mi memoria.
Madre Josephine-Mary, Sor Marie-Josèphe, Sor Mary- Philippa –las tres presentes en Huerta- formaban parte de los asistentes. Madre Josephine-Mary intervino para decir hasta que punto ella había percibido en los laicos el deseo de vivir auténticamente los valores monásticos como la alabanza de Dios, la ayuda fraterna y la estabilidad en el compromiso.
Las hermanas estaban muy atentas; el intercambio duró una hora y media. Una hermana habla de un verdadero Pentecostés, varias subrayan la acción del Espíritu Santo. Una de ellas habla de verdadero semillero para fecundar el mundo.
El domingo por la tarde fue el momento de encuentro con los miembros del grupo de Flandres presentes en este tiempo de vacaciones, acompañados de Sor Marie-Simone y Sor Marie-Chrristiane. Leemos, o mejor, releemos los documentos de Huerta, ocasión para subrayar la autonomía de cada comunidad laica. Conviene precisar la total ausencia de autoridad del Comité Internacional en la vida interna de cada comunidad, de intercambiar a propósito del documento “lazos de caridad que nos unen”, de la asociación ad experimentum decidida en Huerta. Intercambios muy directos, libres, atreviéndose a abordar las diferencias de percepción de unos y otros, perfectamente legítimas en la medida en que no turben la comunión que nos une y que es lo esencial.
Debo añadir que esta comunión, yo la he sentido y que he sido particularmente feliz en estos diálogos.
Después de Vísperas, sor Marie-Simone y yo misma, prolongamos este encuentro con un diálogo que me iluminó todavía más sobre la belleza de nuestras hermanas.
La cena, tomada en autoservicio, dejó la posibilidad de hablar. Tuve la suerte de encontrar a las hermanas del Congo y de Burkina. “Alucinación” no es una palabra vana para describir lo que sentí ante tanto valor y tanta fe.
El lunes por la mañana, el tiempo libre dio ocasión a nuevos intercambios, particularmente con Sor Benedicte de San Bernard del Touvet y Sor Marie-Josephe.
Los ecos que me llegan son bastante unánimes. El movimiento de laicos cisterciense es acogido como un signo de los tiempos, que debemos aprender a leer para responder al deseo de Dios. Estoy conmovida al escuchar varias veces y con una gran riqueza de expresión: “¡vosotros los laicos nos enviáis a nuestra vocación!, tenemos ganas de vivir mejor todavía nuestra espiritualidad cisterciense”. Veo aquí como una confirmación del regalo extraordinario de amistad que se nos está ofreciendo a todos y en el cual uno ya no sabe quien da y quien recibe.
Acompañada a la estación por Sor Cecile Marie, de la comunidad de La Plaine, tuve todavía tiempo de saborear algunos intercambios sobre nuestros lazos cistercienses antes de subir al TGV (el AVE) y más allá a la vida cotidiana.

Los representantes de las Comunidades de Laicos Cistercienses presentes en el Encuentro Internacional de Huerta, en junio de 2008, agradecen calorosamente a las Congregaciones y Ordenes de la Familia Cisterciense su acogida y su apoyo después de tantos años.

Los lazos de caridad que nos unen
Al igual que los monasterios cistercienses, cada Comunidad Laica Cisterciense es autónoma en relación a las demás, pero todas ellas están unidas por lazos de caridad.
Para concretar de algún modo estos lazos de caridad, los representantes de las diversas Comunidades Laicas Cistercienses presentes aquí, en el Encuentro Internacional de Santa María de Huerta, Junio 2008, deciden crear una Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses, que actuará ad experimentum hasta el próximo Encuentro Internacional que se celebrará dentro de tres años.
En efecto, una de las formas principales de expresar esta unión es celebrando una reunión internacional cada tres años.
Los que participan en estas reuniones son los delegados, miembros elegidos por cada comunidad, así como el monje o monja acompañante.
Es responsabilidad del Encuentro Internacional la elección de un Comité formado por tres miembros, uno por cada uno de los principales grupos lingüísticos.
La misión de este Comité en particular está orientada a establecer canales de comunicación entre todas las Comunidades Laicas entre sí, y con las Ordenes y Congregaciones Cistercienses, así como organizar un Encuentro Internacional cada tres años.
Para permitir un funcionamiento apropiado a
Otras formas de expresión de los lazos de caridad entre las comunidades son, por ejemplo, reuniones regionales de Comunidades Laicas, compartir recursos, documentos, informes, etc. y otras reuniones ocasionales entre algunas comunidades.
El Comité tiene la responsabilidad de desarrollar los documentos básicos para el establecimiento permanente de
Se confiere también al Comité Internacional la autoridad para armonizar el texto sobre

(Versión final)
IDENTIDAD LAICA CISTERCIENSE
Síntesis final extraída de las tres síntesis previas, fruto de las aportaciones de las comunidades laicas cistercienses Anglófonas, Francófonas, e Hispano parlantes, que ha sido concluida en el Encuentro Internacional de Santa Maria de Huerta, (España), el 6 de Junio de 2008.
1. Vocación Laica Cisterciense
1.1 De forma individual se reconoce como una llamada personal que se experimenta comunitariamente como un don de Dios. Lo definimos como una llamada a ser testigos activos de Cristo y de su Iglesia, en medio del mundo, dando un testimonio orante y contemplativo en una vida definida por los valores propios del carisma cisterciense, guiada por
2. Vida Laica Cisterciense
2.1. Creemos que la espiritualidad cisterciense es posible adaptarla a la vida de un laico, si bien queda muy claro que son dos formas distintas de vivirlo, monástica y laica, ambas son complementarias. Ello pone de manifiesto la vitalidad de la vida monástica. Los laicos hemos encontrado en la espiritualidad cisterciense un modo de vivir en el mundo con mayor entrega y profundidad espiritual. Todos afirmamos que el carisma cisterciense puede ser vivido fuera del monasterio.
2.2. Hay gran diversidad en las prácticas de la vida laica cisterciense, pero sin bien las formas pueden ser diversas, se utilizan los mismos medios para un único fin: la búsqueda de Dios.
2.3. Todos los valores y las prácticas cistercienses son un camino de liberación y un medio de conversión interior, y pueden ser incorporados a la vida de los laicos :
Oración y alabanza
Confianza y el abandono en Dios
Humildad
Obediencia
Pobreza
Castidad
Austeridad
Simplicidad de vida
Equilibrio de vida
Silencio y soledad
Trabajo
Hospitalidad y servicio
Estabilidad
Sencillez
Alegría
2.4. Esta unificación interior, este camino de conversión, y este deseo de encarnación, nacen y se realizan en la elección de "no anteponer nada al amor de Cristo" (RB 72) viviendo en el mundo sin ser del mundo (Cf. Juan 17, 9-16).
2.5. Es una experiencia de transformación, tanto interior como exterior (conversatio morum), que se manifiesta en la frecuencia en los sacramentos, teniendo como centro
2.6. La dimensión cenobítica de nuestra vida laica cisterciense halla su expresión en la unión espiritual que experimentamos con todos los miembros de nuestra comunidad, tanto laica como monástica, por una vida más ascética y que nos lleva a estar unidos en la oración, el trabajo y la liturgia, aunque estemos separados físicamente.
2.7. Nuestra misión en cuanto Laicos Cistercienses se concreta en una vida testimonial, independientemente de que estemos implicados o no en diversas acciones apostólicas y sociales. El punto fundamental de nuestra vida laica cisterciense es encontrar el equilibrio entre los tiempos de oración y de acción.
3. Comunidad Laica Cisterciense
3.1. La experiencia de comunidad se expresa como el nacimiento de una nueva familia en la que se recibe ayuda y fortaleza para vivir con esperanza y sin miedo el compromiso cristiano. Experimentamos que orar juntos crea comunión y ello nos une en la distancia y nos fortalece. También constatamos que el mayor vínculo es haber sido unidos por el Espíritu Santo en una misma búsqueda: la búsqueda de Dios, y en consecuencia la comunidad es un enriquecimiento personal por la transmisión de valores entre todos sus miembros. Nuestra experiencia de comunidad nos hace sentir Cuerpo de Cristo. Sentir la necesidad de los otros alienta nuestra caridad y nos enseña humildad. La comunidad es un instrumento puesto por Dios para nuestra santificación.
3.2. Para la gran mayoría de nuestras comunidades es fundamental formalizar con algún tipo de compromiso personal de cada miembro ante la comunidad laica y monástica, como deseo y decisión que nos lleva a responder ante Dios a su llamada a esta vocación laica cisterciense.
3.3. Hay gran diversidad en la forma de organizar nuestras comunidades laicas. Se puede decir que algunas son más reacias a crear estructuras.
4. Vínculo con el Monasterio y con
4.1. La comunidad monástica es la heredera del carisma cisterciense en su forma actual. Las Comunidades Laicas Cistercienses, por su comunión con una comunidad monástica, reciben luz y formación por medio de los monjes y monjas, pero hay divergencia en lo que concierne a los vínculos concretos que nos unen y en la forma de describir estos lazos.
4.2. Sentimos las comunidades, monástica y laica, como una sola familia con distinta expresión de vida, pero todos tenemos muy clara la diferencia entre un laico/a y un monje/a.
4.3. Para todos los grupos, es la comunidad monástica, representada por el Abad o Abadesa, quien reconoce en ellos el carisma y les confiere su pertenencia a la familia cisterciense según la naturaleza de los lazos que les unan.
4.4. Es común a todas las comunidades y a todos sus miembros sentir el monasterio como nuestra casa y el lugar concreto donde el Señor une de una forma especial a ambas comunidades, laica y monástica, y a todos sus miembros entre sí. La hospitalidad de los monjes y monjas hace presente el Amor de Dios.
4.5. El hecho de ser Laicos Cistercienses no nos confiere privilegios en nuestra relación con la comunidad monástica sino que nos hace conscientes de nuestros deberes y responsabilidades.
4.6. Nuestras comunidades laicas tienen, con distintas frecuencias, sus Encuentros en el monasterio, en donde recibimos formación y aprendemos a amarnos unos a otros, en una nueva forma de relacionarnos centrada en Cristo, en la que todos los miembros hemos sido escogidos y llamados por Dios
4.7. Monjes – monjas, y laicos – laicas, aprendemos unos de otros la vida fraterna perseverando juntos en el camino de la santidad.
4.8.Muchos miembros de las comunidades laicas acudimos al monasterio de forma individual. Pero todos estamos de acuerdo en afirmar que para ser laico cisterciense no basta con sentirse atraído por un monasterio, sino que es necesario formar parte de la comunidad de laicos.
5. Epilogo
5.1. Creemos que las comunidades laicas cistercienses son obra del Espíritu Santo, pues sin casi haber comunicación entre unas y otras, su modo de vivir y sentir el carisma laico cisterciense está en total comunión entre todas ellas. Todos estamos de acuerdo en afirmar que en el laicado cisterciense, el carisma cisterciense, que durante novecientos años ha sido exclusivamente monástico, ha encontrado, por la gracia de Dios, una nueva forma de expresión,
5.3. En todas las Comunidades laicas existe el deseo de respetar y mantener la diversidad en aquellas cosas que no rompen la comunión. Vivir un mismo carisma con diversidad de expresiones unidas en lo esencial.
Llamados y transformados por Cristo
¡María! ¡Rabunni!


Acta del Comité Internacional de Dirección
Reunión Anual - 11 al 15 de Septiembre 2006-10-02
Abadía de Nuestra Señora de Scourmont, Bélgica
Asistieron: Tina Parayre, Marie- Christine Rossignol y Dennis Day, y en calidad de Enlace con OCSO: Dom Armand Veilleux.
La próxima reunión del Comité Internacional tendrá lugar en el monasterio de Huerta, previsiblemente, los días 10 al 17 de Septiembre 2007

Acta de la primera reunión
del Comite Internacional de los Laicos Cistercienses
Asis, Ocubre 05
© Association des Communautés de Laïcs Cisterciens
