Documentos del Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia
Los documentos con respecto a Laicos Cistercienses
![]() La clausura o la soledad del corazón o, cómo custodiar el corazón (Mother Gail Fitzpatrick)
El tema que he seleccionado para las reflexiones de esta noche pueda que les parezca extraño. Es evidente que el clausura es un asunto relevante a los monasterios, pero ¿qué es lo que tiene que ver con la gente laica, los hombres y mujeres que viven vidas llenas y ocupadas adentro del mundo? ![]() Más allá de nuestras propias fronteras (Dom Bernardo Olivera)Nuestra vida monástica cisterciense puede ser considerada como un carisma. Es decir, como un don de Espíritu para la Iglesia de Cristo. Este don fue entregado en un momento preciso de la historia, en una cultura determinada, para responder a desafíos particulares y, quizás, en reacción a determinadas situaciones. Todo esto es indiscutible.
El tiempo incide en el carisma en una doble forma: lo oscurece y lo ilumina. Lo oscurece pues el carisma ha nacido en un contexto local y en un momento determinado. Lo ilumina, pues es precisamente el paso del tiempo el que lo desvincula de las circunstancias que le sirvieron de encarnación original. La historicidad de nuestro carisma exige la necesidad e impone el deber de aggiornarlo y de inculturarlo. La inculturación no dice sólo referencia a lugares geográficos y a tiempos o épocas. Dice también referencia a los géneros (masculino y femenino), a las generaciones (jóvenes, adultos, ancianos), a diferentes grupos sociales (campesinos, ciudadanos, obreros, profesionales...) y a los estados de vida (clérigos, consagrados, laicos...). La renovación suscitada por el Concilio Vaticano II fue un momento privilegiado en este proceso de aggiornamento e inculturación. El post-concilio nos regaló otra novedad: el nacimiento de grupos de laicos y laicas que desean compartir nuestro carisma en medio del mundo, de las realidades humanas y de las actividades seculares. Se trata, en consecuencia, de una nueva inculturación del carisma cisterciense. Pero, ¡atención!, necesitamos que ustedes no sean "fotocopias" cistercienses en su versión monástica, sino que re-encarnen el carisma, nos hablen de él con otro lenguaje, descubran nuevas mediaciones, lo re-inculturen. Y para todo esto no precisan pedirnos permiso a nosotros, el carisma es un don que hemos recibido y encarnado históricamente, pero no es nuestra propiedad. Los invito a seguir arriesgando e ir más allá de nuestras propias fronteras. En realidad no soy yo quien los invita. Es el Espíritu quien les ha hablado al corazón y los ha invitado a recrear nuestro carisma cisterciense dándole una nueva forma. Las preguntas que nos podemos formular serían estas: Muchas de estas preguntas ya han sido respondidas por muchos de ustedes. En algunos casos las respuestas han vencido el paso del tiempo, han mostrado un valor estable y se han recopilado en estatutos. Por eso podemos hoy confrontar nuestros hallazgos a fin de seguir buscando y encontrando. Qué el Señor nos asista con su Espíritu creador. Amén. ![]() La participación de fieles laicos en la Familia Cisterciense (Dom Armand Veilleux)En 1098 un grupo de monjes, siguiendo la regla de San Benito, dejaron su monasterio de Molesmes, para continuar su vida monástica de una forma más radical y con un espíritu más renovado. Al nuevo monasterio se le llamó Cîteaux. Después de un lento comienzo, el monasterio atrajo muchas nuevas vocaciones e hizo nacer nuevos monasterios que seguían el mismo estilo de vida. Estos monasterios estaban unidos por un lazo de caridad y formaron así una orden distinta dentro de la extensa familia Benedictina (Remarco la palabra dentro porque sería un error considerar la fundación de Cîteaux como una escisión dentro de la familia benedictina: Incluso hoy, hay una gran familia benedictina que no sólo incluye a los monasterios que pertenecen a varias congregaciones que están organizadas en la Confederación benedictina, sino también a todos los monasterios que siguen la Regla de San Benito, incluyendo los monasterios Cistercienses.)
A lo largo de los siglos, los monasterios Cistercienses, cada vez más y más numerosos, y pertenecientes a varios países separados por largas distancias y dificultades, se han unido en varias Congregaciones que han dado a luz a varias Observancias. Al final de un largo y complejo proceso, el principal tronco de la gran Familia Cisterciense se ha dividido, desde 1892, en dos ramas: la llamada Común Observancia quien ahora usa el nombre latino de Ordo cisterciensis y la llamada Estricta Observancia que usa el nombre latino de Ordo cisterciensis strictioris observantiae. Algunos grupos de monjas, que estaban bajo la autoridad de los obispos locales o separadas de la Orden algunos siglos atrás, pero que habían vuelto a sus raíces cisterciences, ahora forman Ordenes o Congregaciones autónomas; cómo por ejemplo las monjas bernardas de Esquermes o las hermanas de las Huelgas en España (llamadas la Congregación de San Bernardo en España). Si añadimos a esto algunas Congregaciones como las Bernardas de Oudenaarde y unas cuantas casas particulares que nunca pertenecieron a alguna de las mencionadas Ordenes Cistercienses pero que siempre estuvieron espiritualmente ligadas a una de esas órdenes, entonces tenemos lo que hemos estado llamando durante años la Familia Cisterciense. Ahora bien, cuando organizamos en 1998 una reunión o sínodo de todos los representantes de esa Familia Cistercienses en Cîteaux con ocasión del noveno centenario de la fundación de Cîteaux, también tuvimos entre nosotros algunos representantes de lo que llamamos "laicos Cistercienses". El Capítulo General de 1996 de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia mencionó en una votación que los laicos deberían tomar parte en aquella celebración y que incluso habían sido mencionados en una carta escrita por el Papa a la Familia Cisterciense con motivo de tal ocasión. Lo primero de todo, resaltar que el Papa no había escrito a ninguna Orden cisterciense en particular sino a la "Familia Cisterciense", reconociendo así a todo el movimiento de comunión que nos ha llevado a un nuevo conocimiento de la existencia de tal "familia", a pesar de las diferencias en nuestros estilos de vida y de nuestra diversidad jurídica. Por tanto, es muy interesante ver lo que el Papa dice acerca de los laicos cistercienses y en que contexto lo dice. El contexto más amplio es el de redescubrir el papel de los laicos en la vida de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Durante un largo período en la historia de la Iglesia, la espiritualidad ha sido desarrollada en gran parte por los Religiosos y para los Religiosos y casi todos los ministerios en la Iglesia han sido ministerios clericales. Siguiendo las ideas del Concilio Vaticano II, el Sínodo de 1987 "La vocación y misión del laico en la Iglesia y en el mundo" puso énfasis no sólo en la espiritualidad de los laicos y su papel en la misión dentro de la Iglesia, sino también en el derecho que tiene el pueblo laico a unirse a comunidades de personas laicas que siguen determinadas orientaciones espirituales. Lo que hemos visto desde entonces, e incluso antes, no ha sido tanto el desarrollo de comunidades compuestas únicamente por personas laicas, como el desarrollo de comunidades o movimientos compuestos de cristianos con opciones de vida distintas, bien laicos o clérigos, casados o célibes, unidos entorno a una misma espiritualidad y una misma misión. Lo que también hemos podido ver ha sido que muchos laicos han encontrado un soporte espiritual o, lo que es más, una identidad espiritual en el carisma de comunidades religiosas, ya existentes, de vida activa o contemplativa. Ha habido un período en el que mucha gente, especialmente gente joven, ha querido compartir, al menos durante unos pocos años, la misión de una comunidad religiosa, sobre todo en Iglesias Jóvenes. Pero, poco a poco, los laicos quisieron compartir no sólo la misión de la comunidad sino también su espiritualidad y, lo que es más, su propia vida. Este es el contexto más relevante en el que debemos entender las palabras mencionadas por el Papa sobre los fieles laicos en su carta a la Familia Cisterciense. El contexto más inmediato es el Cisterciense. Las primeras comunidades, como todas las comunidades monásticas del momento, tenían una "familia", esto es, un pequeño grupo de trabajadores contratados, distintos de los hermanos laicos, que estaban integrados en la vida de la comunidad. Nuestros monasterios siempre han tenido "oblatos", es decir, personas, que por una razón u otra, vivían con la comunidad y compartían totalmente la vida de la comunidad pero sin hacer votos. Pero tradicionalmente nunca hemos tenido "oblatos externos". Sin embargo, casi todos los monasterios tenían unas pocas personas ligadas espiritualmente con la comunidad, no en términos jurídicos pero sí de una manera muy real, bien viviendo en la hospedería o cerca del monasterio, como un familiar (hermano o hermana). Más recientemente, esto es, durante las últimas décadas, personas laicas, individualmente o en grupos, han pedido, más y más amenudo, ser "oblatos" o estar asociados con nuestra Orden o con una de nuestras comunidades. Debemos resaltar algo importante y es que nuestra Orden es una "comunidad de comunidades". Uno nunca se une a la orden como tal, sino que uno llega a ser miembro de la orden uniéndose a una comunidad local. La Orden Cisterciense tiene una vocación cenobítica específica. Por lo tanto, la vocación Cisterciense no es nunca la vocación a eso llamado "espíritu cisterciense", sino que es la vocación a una comunidad local o al espíritu Cisterciense tal y como está encarnado en la vida de una comunidad concreta. Por ello el único camino por el cual uno puede llegar a ser un "laico cisterciense es, no por medio de algún tipo de conexión jurídica con la Orden Cisterciense, sino estableciendo una unión personal de comunión con una comunidad Cisterciense local concreta, bien sea de monjes o de monjas. Hay básicamente dos caminos para hacer esto. Un individuo puede desarrollar una relación personal con la comunidad. El o ella puede encontrar un soporte espiritual en el hecho de rezar con la comunidad o participar en la eucaristía y en la Liturgia de las Horas. El o ella puede recibir de una de las hermanas o de uno de los hermanos el servicio de orientación espiritual o acompañamiento. Esto ha existido siempre, aunque sea más frecuente en nuestros días, y no se ve que necesite ser estructurado de una determinada forma. Cuando la gente expresa el deseo de algo nuevo dentro de este terreno, lo que siempre sugiero, personalmente, es formar alrededor de una comunidad monástica una comunidad de laicos que tengan su propia identidad y su propia vida. Creo firmemente que este es el mejor camino para descubrir gradualmente nuevas vías para encarnar el espíritu Cisterciense en la existencia diaria de las personas laicas corrientes. Además, este es el mejor camino para evitar el peligro, para las personas laicas, de actuar como monjes o monjas en medio del mundo. Un carisma no pertenece a una persona o a un grupo en particular: Pertenece a la Iglesia, esto es, el Pueblo de Dios. Aquellos que viven de acuerdo a un carisma en un momento específico de la historia son los custodios de dicho carisma. Los monjes y monjas Cistercienses de hoy no son los propietarios del carisma Cisterciense: son sus custodios. Creo firmemente, partiendo de lo que he venido observando en las décadas pasadas, que el Espíritu Santo quiere dar una nueva expresión a ese carisma en nuestros días, en la vida de las personas laicas. Sólo los laicos que reciben este carisma por parte de la comunidad monástica y lo desarrollan en el seno de una comunidad laica, pueden descubrir gradualmente, en su experiencia concreta, lo que al respecto "el Espíritu Santo le está diciendo a la Iglesia". Eso requiere a la vez una vida autónoma de la comunidad laica y una constante comunión y diálogo con la comunidad monástica. El diálogo con la comunidad monástica se puede realizar de diversos modos. Aparte de compartir la oración y la celebración litúrgica, y compartir tal vez algún tipo de trabajo o apostolado, la mayoría de las veces en la hospedería, puede entablarse un diálogo con el abad o con algunos monjes designados por este mismo, o incluso con toda la comunidad en algunas ocasiones. El discernimiento dentro de la propia comunidad laica debe ser un discernimiento continuo, un constante escuchar al Espíritu. No se le debe preguntar a la Orden que es lo que debéis ser. Sois vosotros los que debéis encontrarlo. Actualmente, grupos de personas laicas asociados algunas comunidades, se han desarrollado de muchas maneras diferentes. Considero que la diversidad es algo muy positivo. Cada grupo, conservando su propia identidad, debería permanecer abierto a los cambios y al crecimiento, y aprender de los otros. Pienso que es demasiado pronto para intentar crear modelos comunes. Si se necesitan modelos comunes, estos se desarrollarán por sí mismos. Una importante diferencia entre los grupos de EE.UU es, que algunos grupos aceptan a personas no católicas como miembros de su grupo, otros en cambio no. Las dos opciones me parecen legítimas. Ya que hay unas cuantas comunidades cistercienses luteranas en la gran Familia Cisterciense, y que hay algunas comunidades monásticas Cistercienses que tienen o han tenido algún que otro no católico entre ellas, debe haber algo positivo en nuestro tiempo de ecumenismo en el hecho de tener a personas no católicas que pertenezcan a una comunidad Cisterciense de laicos. Pero esto, por supuesto, no debe convertirse en una norma. Este ejemplo demuestra que este no es el momento de establecer reglas comunes, es momento de establecer una comunión entre las comunidades y que se respeten las diferencias la una a la otra. Con respecto al tamaño del grupo, no creo que eso sea un problema. Por supuesto, no es lo mismo manejar un grupo de sesenta o más que manejar un grupo de diez o doce. Debe haber un momento en el que se formen subgrupos dentro de una comunidad grande, por ejemplo de acuerdo con la situación geográfica; pero, no veo que por ello se tenga que dividir el grupo en dos comunidades independientes y distintas, puesto que parte de su identidad es que ambas tienen relación con la misma comunidad monástica. He recalcado lo que realmente me parece un reto para vosotros laicos, que os sentís llamados a vivir el carisma Cisterciense fuera, en el mundo. Tal vez podríamos, por un momento, ver también lo que el Papa ha propuesto como un desafío a las comunidades monásticas Cistercienses. Después de algunos párrafos con respecto a nuestro patrimonio Cisterciense, el Papa menciona la hospitalidad, diciendo: "Para muchas personas las preguntas espirituales esenciales pueden ser expresadas y profundizadas gracias a la hospitalidad que reciben en estos monasterios". Por hospitalidad, él entiende aquella que se da a la gente que viene a la hospedería bien para un retiro, bien para encontrar una orientación espiritual. Pero también quiere expresar lo que menciona inmediatamente después de esto acerca de los "miembros asociados" y su compartir temporal en la vida de la comunidad. "Yo también os animo, de acuerdo con vuestras circunstancias, a discernir con prudencia y sentido profético, la participación de los fieles laicos en vuestra familia espiritual, bajo la forma de miembros asociados o bien, dadas las necesidades actuales en algunos ambientes culturales, bajo la forma de una participación temporal en la vida comunitaria y un compromiso en la contemplación, con tal de que la identidad propia de vuestra vida monástica no sufra por ello" (Cita tomada de Vita consecrata,56). Así pues, el Papa recuerda a los monjes que, hagan lo que hagan, no deben perder nunca su identidad como monjes que son, pero les invita a abrirse a una mayor hospitalidad. Menciona dos formas características de esa hospitalidad: el compartir en la vida comunitaria (lo que se ha llamado "monasticismo temporal") y los "asociados", remarcando que en ambos casos tiene que llevar implícito un compromiso a la contemplación. De esta manera, todos nosotros tenemos nuestros deberes delante de nosotros. Para nosotros, monjes, hay una llamada no sólo para permanecer abiertos a la hospitalidad, sino también para abrirnos nosotros mismos a nuevas formas de hospitalidad, incluyendo el compartir nuestro carisma con miembros asociados; y para vosotros, los miembros asociados, el reto gradual para dar forma a la nueva expresión Cisterciense del carisma Cisterciense que vosotros representáis. ![]() Para una mística cisterciense renovada (Dom Bernardo Olivera)Quizás ustedes se pregunten qué significa el título de esta conferencia. Espero que poco a poco iremos encontrando la respuesta. No obstante, puedo desde ya anticipar lo siguiente: si la mística cisterciense es una mística cristiana, la raíz de su renovación está en el Misterio de Dios que se concentra en Cristo Jesús.
La experiencia mística de la vida cristiana ocupa un lugar central en la tradición cisterciense. Esta afirmación es tan evidente que no precisa demostración. Los primeros cistercienses trataron de vivir en la presencia de Dios y en comunión con Él. Esta declaración de intenciones guarda hoy todo su valor. En nuestras constituciones podemos leer: Nuestra Orden es un Instituto monástico íntegramente ordenado a la contemplación (Cst.2). Pero podemos preguntarnos: ¿cuáles serán las consecuencias de la presencia actual de Laicos y Laicas Asociados con los monjes y monjas en relación con la dimensión mística de nuestro carisma? Anticipo nuevamente una respuesta: las consecuencias serán de mutuo enriquecimiento en el ahondamiento experiencial del Misterio cristiano. Deseo situar mis palabras en un contexto muy determinado: la urgente invitación a contemplar el rostro de Cristo lanzada por Juan Pablo II en su Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (NMI). Esta contemplación es el fundamento absoluto de toda la acción pastoral de la Iglesia en este nuevo milenio. Este programa evangelizador está destinado a todos: clérigos, consagrados y laicos. Seríamos testigos muy pobres e insignificantes si no somos al mismo tiempo contempladores de su Rostro..
Este misterio de la Iglesia, Esposa de Cristo, se hace verdad y se encarna en aquellos y aquellas que viven la oración como fervor del afecto y arrebato del corazón (NMI 33). Esta experiencia contemplativa es patrimonio del común de los cristianos (NMI 34).
El Esposo está diciendo: ¡ya no me amas con ese amor de antes! El amor primero, no se refiere sólo a un momento en el tiempo, sino a una excelencia del amor. Se trata del amor inmaculado del momento de la conversión, se trata de un amor similar al amor con que el Señor la ama, es decir, un amor total.
Los cristianos de Laodicea juegan con dos amores, por eso ni aman ni dejan de amar. Ante el amor absoluto del Resucitado este amor de respuesta resulta vomitable. Pero todavía hay posibilidad de conversión. El Resucitado continúa amando, por eso reprende y corrige. Aconseja comprar vestidos blancos tal como conviene a una esposa digna de su Señor y, sobre todo, arrepentimiento y amor ardiente. No todo está perdido: mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Apo.3:20; Cf. Cant.5:1-2).
Esta gracia mística descansa sobre una base antropológica bien clara. Juan Pablo recurre a la doctrina patrística tradicional de la divinización del ser humano mediante su incorporación a Cristo.
Partiendo de nuestra realidad de creaturas redimidas, contando siempre con la ayuda de la gracia divina, llegamos a las más altas cimas del Misterio de Dios. Aquí tiene lugar la unión transformativa o conformación con Cristo. El Papa nos recuerda la gran tradición eclesial centrada en una amorosa promesa del Señor. Es así como nos invita a abrazar la misteriosa acción divina que nos une esponsalmente con el Señor.
Es fácil constatar en este texto dos corrientes místicas diferentes aunque complementarias. Una corriente de mística trinitaria y filial, que implica: ser poseído por Cristo, movido por el Espíritu y acogido por el Padre. Y una corriente mística cristológica esponsal, en la que la manifestación de Jesucristo encuentra su cumbre en el matrimonio espiritual. En uno y otro caso se cumple la promesa de Cristo: le amaré y me manifestaré a él. En la doctrina de nuestros Padres encontramos ambos aspectos, acentuados diferentemente o unidos entre sí. Guillermo de San Thierry presenta esta doble realidad en la unidad de una única experiencia: Amar es ser y hacerse un solo espíritu con Dios (Contemp 11; cf. Ep fra 257-258, 263).
En síntesis, el matrimonio espiritual es la cumbre y término de nuestro peregrinaje cristiano a través del camino de la ascesis y de la oración. No se trata de "fenómenos místicos" sino de una posibilidad de nuestra naturaleza, creada a imagen y semejanza de Dios, potenciada por la gracia divina. Todo se reduce a un "Sí" incondicional y permanente a Dios y a su querer. En la práctica cotidiana esto se traduce en: no buscar lo propio sino buscar la gloria de Dios y el bien del prójimo.
4. Enriqueciendo nuestra tradición
Lo que nos dice Bernardo puede pasar desapercibido, pero es de suma importancia. El Abad de Claraval nos dice que, tanto la profesión religiosa cuanto la unión matrimonial, pueden ayudar a comprender las características de la unión esponsal entre el alma y el Verbo. La profesión religiosa, en cuanto juramento de dejarlo todo para seguir a Jesús. El matrimonio, en cuanto signo de las nupcias entre Cristo y la Iglesia. Una y otra vocación, cada una a su modo, realizan la unión esponsal con Cristo Esposo. Cambian las mediaciones y la modalidades, pero el objetivo final es el mismo. Concluyo con una palabra destinada principalmente para los Laicos/as Asociados, mejor decir: destinada a nuestros co-hermanos y co-hermanas laicos/as cistercienses. En especial para aquellos que están unidos mediante el sacramento del matrimonio. Cristo se encuentra en vuestra misma experiencia conyugal. Vuestra "divinización", en cuanto conyugues, se actúa cuando el amor conyugal es asumido por el amor divino y cuando se da una fusión de lo humano y de lo divino (Gaudium et spes 48, 49; Cf. Juan Pablo II, Catequesis del 4-VII-84). En este contexto, resultan muy elocuentes los buenos deseos expresados por Bernardo de Claraval en una carta al Duque y a la Duquesa de Lorena: deléitense mutuamente en los castos abrazos del amor, de modo que sólo los supere en ambos el amor de Cristo (Ep 119). ![]() Reflexiones provocativas sobre Asociaciones Carismáticas (1 de enero de 1995)En varios lugares donde se encuentra hoy día nuestra Orden, vemos surgir personas o grupos que desean compartir de una u otra forma nuestro carisma. En algunos lugares, se puede constatar este hecho por la presencia de lugares (salas, casas) puestos a disposición de grupos (a menudo de jóvenes). Se encuentran también grupos de bienhechores que se organizan para asistir una u otra comunidad. No faltan, finalmente, peticiones de asociaciones en vista a ciertas formas de oblatado.
Estos hechos, relativamente nuevos para nuestra Orden, se corresponden con el surgimiento de los laicos en la vida de la Iglesia. En muchos países, por lo demás, los Movimientos laicales han modificado la concepción y visión de la misma Iglesia. El reciente Código de Derecho Canónico "canonizó" el deseo de los laicos de compartir vida y espiritualidad con los institutos religiosos. Según el c. 303 todo instituto puede establecer algún tipo de asociación con laicos seculares. Cómo hemos de interpretar estos hechos? Qué nos está queriendo decir el Señor con este signo de los tiempos que parece ciertamente ser un signo de Dios? Estas preguntas no pueden ser ajenas al servicio del Abad general. No en vano se dice de él en las Constituciones: el Abad general "es el guardián solícito y promotor eficaz del patrimonio de la Orden" (Cst.82.1). 1. Comunión de Carismas La eclesiología de Comunión ofrece el fundamento para una correcta relación entre unidad y pluralidad en la Iglesia. En la Iglesia-Comunión los estados de vida existen coligados entre sí, de manera que se ordenan recíprocamente. Si bien su sentido profundo es único y común, cada uno tiene su fisonomía original e inconfundible y al mismo tiempo existen en relación de servicio. La unidad-plural de la Iglesia no se agota en los diferentes estados de vida, sino que se revela más rica y variada por la pluriformidad de carismas y la comunión entre ellos. Cualquier vocación o forma de vida cristiana genuina es una vida en el Espíritu y, por lo mismo, una vida carismática. Al recibir el Espíritu Santo todos hemos recibido el "carisma superior" de la caridad (I Cor.13:1). Además, cada uno en el Cuerpo de Cristo desempeña un servicio o función, y es el Espíritu quien lo ha habilitado para eso. Por eso todo cristiano es un carismático: El Concilio Vaticano II, retomando esta doctrina del apóstol Pablo, nos dice además: "Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y, además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno" (Lumen Gentium, 12; Cf. Ad Gentes, 28; Apostolicam Actuositatem, 3). Juan Pablo II, en la Exhortación post-sinodal Christifideles laici, retoma y amplia esta enseñanza conciliar: "El Espíritu Santo, al mismo tiempo que confía a la Iglesia-Comunión los diversos ministerios, la enriquece con otros particulares dones e impulsos, llamados carismas. Estos pueden asumir las formas más diversas, sea como expresión de la libertad absoluta del Espíritu que los dona, sea como respuesta a las múltiples exigencias de la historia de la Iglesia (...) Extraordinarios o simples y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, pues están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo. Tampoco en nuestros tiempos falta el florecer de carismas diversos entre los fieles laicos, varones y mujeres. Son dados a la persona individual, pero también pueden ser compartidos con otros y así se continúan en el tiempo como una herencia viva y preciosa, que genera una afinidad espiritual entre las personas" (24). Cuando fuimos bautizados-confirmados fuimos consagrados por el Espíritu Santo, para ser misión en la Iglesia mediante los carismas que el mismo Espíritu nos concedió. Esta capacitación carismática para la misión conoce diferentes tipos: Don carismático personal e intransferible: caso de dones individuales como el de los fundadores.El carisma colectivo o coparticipado implica un modo específico de ser, una específica misión y espiritualidad, estilo de vida y estructura al servicio de la comunión y misión eclesial. La participación en un carisma colectivo facilita la formación de los miembros de un determinado grupo, produce una mayor cohesión del mismo, plasma una identidad más firme, da sentido de pertenencia a una familia espiritual, es fuente de creatividad e impulso para responder con presteza a los signos de los tiempos. Los carismas colectivos, dones del Espíritu, son un impulso dinámico que se desarrolla continuamente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en constante crecimiento; son confiados a grupos humanos para ser vivificados e interpretados, para hacerlos fecundos y testimoniarlos al servicio de la comunión eclesial en los diferentes contextos que ofrecen las culturas. Algunos de estos carismas colectivos son compartidos, por don del Espíritu, por personas pertenecientes a diferentes estados de vida, de aquí que sean traducidos en formas de vida secular, sacerdotal y religiosa. Todo instituto de vida consagrada, asociación sacerdotal, agrupación misionera, movimientos de iglesia... tienen a su base un carisma colectivo como experiencia del Padre, por don gratuito del Espíritu, para edificar y servir al Cuerpo de Cristo (Cf. Pablo VI, Evangelica testificatio, 11-12; SCRIS, Mutuae relationes, 11). Las señales que caracterizan un carisma colectivo genuino son las siguientes: - Aporte de real novedad a la vida espiritual de la Iglesia.Este carisma colectivo, en cuanto carisma fundante o carisma de los fundadores, está llamado a "ser vivido, custodiado, profundizado y desarrollado constantemente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne" (Idem, 11). Los carismas colectivos pueden, además de ser compartidos, ser vividos y considerados como carismas abiertos a nuevas formas de presencia y configuraciones a lo largo de la historia. Es de advertir, finalmente, que no es el fundador quien comunica el carisma a quienes se le asocian. Solamente el Espíritu Santo es el autor de los carismas en el cuerpo eclesial y sólo El es quien los comunica. El grupo en torno al fundador nace pues cuando un cierto número de personas toma conciencia de su propia gracia vocacional encontrándose con el fundador y se unen a él para realizar su vocación propia. Si se quiere se puede decir que el fundador media el carisma por medio de la sintonía espiritual entre él y otros. Todos los carismas, por muchos y variados que sean, se unifican en la única misión. Los diferentes carismas encuentran su identidad en la mutua relación dentro de la comunión y misión. 2. El Carisma Cisterciense El carisma cisterciense "proviene de la tradición monástica de vida evangélica expresada en la Regla de monasterios de san Benito de Nursia" (Cst.1). Los Fundadores del Císter dieron a esta tradición una "forma particular", forma defendida vivamente por los monasterios de la Estrecha Observancia (Cst.1). Nuestras Constituciones, sobre todo en su primera parte acerca del Patrimonio, son una buena presentación de nuestro carisma. No obstante, hay que reconocer que ellas no agotan la vivencia y manifestación del mismo. Para tener una concepción más integral habría también que consultar y tener en cuenta a los otros miembros de la Familia cisterciense. 3. Carisma Colectivo, Compartido y Abierto? Por todo lo dicho anteriormente (1a parte) podemos decir que el carisma cisterciense es un carisma colectivo. Pero, podemos también considerarlo un carisma compartido y abierto? Qué nos enseña nuestra historia a este respecto? Puede nuestro carisma ser compartido por laicos en el mundo? Puede nuestro carisma abrirse a formas seculares, es decir, no monásticas en el sentido jurídico del término? A. Carisma abierto Los 900 años transcurridos desde la fundación del Císter nos permiten decir que el carisma cisterciense es un carisma abierto? Es decir: el carisma cisterciense ha conocido diferentes configuraciones a lo largo de la historia? Las monjas Los conversos Las Ordenes militares La Familia cistercienseB. Carisma compartido Es posible de concebir el carisma cisterciense como un carisma compartido con seglares en el mundo a fin de dar lugar a una forma cisterciense secular? Digamos ante todo que nuestro carisma, como todo carisma, es un don del Espíritu para edificar la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Nadie posee el carisma cisterciense como una propiedad privada. Nuestro carisma pertenece fundamentalmente a la Iglesia y El Espíritu puede compartirlo con quien desee y en la forma y medida que El lo desee. Los Cistercienses hemos dado una forma monástica e histórica a este don peculiar del Espíritu. Esta forma monástica es parte integrante del carisma fundacional original. No obstante, esto no impidió, como ya hemos visto, que el carisma fuera compartido con los conversos, los familiares y con caballeros de las Ordenes militares. Ahora bien, el hecho de que los seglares hoy día se sientan atraídos e identificados con el carisma cisterciense puede ser entendido como un signo de que el Espíritu desea compartirlo asimismo con ellos a fin de que dicho carisma reciba también una forma secular en el hoy de nuestra historia? Si la respuesta a la pregunta precedente es afirmativa, surgen otra serie de interrogantes: Hay lugar para un mutuo reconocimiento y complementariedad? Se puede hablar de mutua asociación carismática? Es verdad que la identidad sólo existe en la relación? Qué tenemos de valioso para compartir? Cuáles son los principales peligros que entraña todo esto? 4. Intento de Respuestas No me corresponde a mi sólo responder las cuestiones arriba suscitadas. La respuesta ha de ser hallada en una búsqueda común, bajo la luz del Espíritu, y en un clima de discernimiento de lo que el Señor de la Historia dice hoy a su Iglesia. No obstante, con el objeto de estimular la búsqueda, abierto a opiniones diferentes y hasta contrapuestas, me permito anticipar aquí algunos elementos de respuesta. A. ¿Carisma compartido con seglares? La naturaleza monástica de nuestra Orden (Cst.2) no impide que muchos elementos de su espiritualidad (Cst.3) puedan ser compartidos con laicos en el mundo. De hecho, la Regla de san Benito ha sido vivida desde siglos por oblatos externos al mismo monasterio. Por lo demás, varios monasterios de la Orden Cisterciense pertenecientes a diferentes Congregaciones cuentan con oblatos laicos que viven en el mundo. La separación del mundo (Cst.29), característica tan propia de nuestra vida monástica, no nos ha de hacer olvidar que, como miembros de la Iglesia, nuestra vida tiene "una auténtica dimensión secular" que hunde su raíz en el misterio del Verbo encarnado. Ciertamente, todos los miembros de la Iglesia somos partícipes de la dimensión secular de la misma, pero lo somos en forma diversa. La "índole secular" de los fieles laicos es diferente y complementaria de la dimensión secular de los monjes y monjas (Christifideles laici 15). Nuestro celo monástico por la "extensión del Reino de Dios y la salvación de todos los hombres" (Cst.31) abarca también "la restauración de todo el orden temporal" (Cf. Christifideles laici 15). Nuestra "secreta fecundidad apostólica" (Cst.3.4) encuentra profunda consonancia y complementación con la vocación de los fieles laicos, "llamados por Dios para contribuir desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas" (Christifideles laici 15). Nuestra misión de anunciar el Evangelio con nuestra presencia contemplativa (Cst.68.1) no es exclusiva ni excluyente, por el contrario, admite la complementariedad de la presencia contemplativa de laicos inmersos en el seno del mundo. La misión propia a nuestro carisma no se agota con nuestra forma de vivirla y manifestarla. La implicación de laicos seculares en nuestro carisma y misión hará más evidente la actualidad y utilidad de los mismos. El misterio de la Iglesia-Comunión implica, en la práctica, un intercambio de dones al servicio de la nueva evangelización. En consecuencia, respondiendo a la primera pregunta, considero que el hecho de que los seglares hoy día se sientan atraídos e identificados con el carisma cisterciense, puede ser entendido como un signo de que el Espíritu desea compartirlo asimismo con ellos, a fin de que dicho carisma reciba también una forma secular en el hoy de nuestra historia. B. ¿Mutuo reconocimiento? En la historia pasada, los laicos asociados en diferentes formas a institutos religiosos mantenían una cierta relación de dependencia respecto a ellos. Esta realidad ha cambiado en los últimos tiempos. En numerosos casos, la petición de laicos seglares para participar del carisma de un instituto proviene del hecho de que ellos también se sienten depositarios de dicho carisma. Pareciera que se vuelve a repetir, en otro orden, la experiencia de Pedro en casa de Cornelio: "¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros? Si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, ¿cómo podría yo oponerme a Dios?" (Hech.10:47; 11:17). Algo parecido está sucediendo también entre nosotros. En este caso, cuando la Orden es reconocida como depositaria histórica del carisma cisterciense e interpelada a este propósito, nos corresponde a nosotros hacer un discernimiento sobre la afinidad y autenticidad del carisma recibido por nuestros interlocutores laicos. Todo esto implica asimismo una apertura de nuestra parte a fin de dejarnos discernir sobre la coherencia de nuestras vidas en relación a nuestras Constituciones, como así también sobre nuestra respuesta a los desafíos contemporáneos y signos de los tiempos. En el doble sentido recién indicado, me parece que podemos hablar de un mutuo reconocimiento carismático: siendo reconocidos, reconocemos para ser nuevamente reconocidos. C. ¿Asociación carismática? Ya a partir del siglo VII el monacato conoció en torno a sí un cierto estilo de vida laical que dio lugar a la "familia monástica" en sentido amplio. Otro tanto se puede decir de los Canónigos regulares y de los Mendicantes. Sabemos que en torno a los Mendicantes nacieron segundas órdenes (i.e.: vida consagrada femenina), la institución de los penitentes y las terceras órdenes de tipo laical. Más recientemente, han aparecido diversos tipos de grupos que se alimentan del espíritu y participan de la misión de las Congregaciones religiosas y Sociedades de vida apostólica. Estos grupos han recibido una gran variedad de nombres: colaboradores, asociados, afiliados, cofratres.... Hoy día, en el ámbito del resurgir del laicado y de los nuevos movimientos laicales, se vuelve a dar el fenómeno de laicos que, individualmente o asociados, buscan un tipo de vinculación con institutos de vida consagrada. En este caso, me parece correcto y aceptable denominar "asociación carismática" a este fenómeno. La eclesiología de comunión orgánica, en la que todas las vocaciones y carismas tienen un mismo origen y un mismo fin, es el marco de referencia adecuado que justifica esta denominación. Quizás, dentro de algunos años, hablar de asociación carismática resultará obsoleto. El Espíritu sopla como y donde quiere, pero su obra es siempre obra de comunión. Conoceremos el día en que hablaremos de "comunión carismática" para referirnos a la comunión entre monjes/as y laicos/as seculares en un mismo carisma? D. ¿Identidad en la relación? A la luz de todo lo precedente es claro que hoy día no es válido ni apropiado definir la propia identidad carismática desde una perspectiva estática y cerrada. La identidad en las diferentes formas de vida en el Pueblo de Dios emerge en el proceso dialéctico de la existencia eclesial. La distinción de cada carisma se da en el contexto de convergencia-divergencia, comunión-separación. Por consiguiente, no vacilo en afirmar: nuestra identidad cisterciense es una realidad que nos permite autoidentificarnos por lo que nos diferencia relacionándonos y no yuxtaponiéndonos y excluyendo. Una identidad claramente definida impedirá que los monjes jueguen a seglares y éstos últimos a monjes, respetará las respectivas vocaciones y los estilos de vida propios de cada uno. E. ¿Qué compartir?? La pregunta es válida. A grandes rasgos me parece que un inicio de respuesta no ha de olvidar lo siguiente: - Seguimiento de Jesús: aspectos del misterio de Jesús el Cristo que, según nuestro carisma, se ofrecen como fundamento y modelo a seguir.Más en particular, los Maestros espirituales del Císter enseñan a todos a encontrar en la Regla de san Benito consejos y directivas para la vida espiritual. En este sentido, la Regla benedictina ofrece una rica doctrina sobre la humildad, la obediencia, el silencio el temor y amor de Dios. Pero también nuestros Padres desarrollan muchos aspectos de la vida en el Espíritu que apenas se encuentran en san Benito, como ser: la doctrina de la imagen y semejanza, la necesidad del autoconocimiento para acceder al conocimiento de Dios, el itinerario del alma a Dios, la doctrina sobre el amor a los hermanos y a Dios, la experiencia mística.... Bernardo de Claraval escribe "ad propositum aedificandi" (SC 27:1). Ahora bien, podemos preguntarnos: edificar qué y a quiénes? La respuesta me parece ser esta: edificar la vida cristiana y cisterciense, en el claustro y fuera de él. En consecuencia, hay mucho para ofrecer y compartir. Y también para recibir: la experiencia de nuestro carisma hecha por laicos seculares está llamada a enriquecer la experiencia monástica del mismo. Además, como bien dice Christifideles laici: "A su vez, los mismos fieles laicos pueden y deben ayudar a los sacerdotes y religiosos en su camino espiritual y pastoral" (61).F. ¿Peligros? Ante un peligro no hay más que una doble posibilidad: huir o enfrentar. Lo primero ya es una derrota, lo segundo puede ser oportunidad de victoria. No ignoro que el éxito de las asociaciones carismáticas es un don difícil de conquistar. Me parece que los tres principales problemas a resolver son: - En el orden del vínculo: cómo establecer y organizar una adecuada vinculación y paridad.En efecto, no es fácil establecer vínculos que unan sin confundir, por el contrario, que unan distinguiendo, tal como lo hace el verdadero amor. Tampoco es fácil formar eficazmente sin programar seriamente. No obstante los riesgos, juzgo importante estar abiertos a la posible creación de asociaciones carismáticas con laicos seculares o consagrados a título individual o grupal. Se trata, en definitiva de discernirlo todo y quedarnos con lo bueno. Y a fin de poder discernir necesitamos criterios. Por lo que respecta a la comunidad monástica local, sugiero los siguientes: - Identidad monástica clara, asimilada y vivida, junto con una cierta capacidad de comunicación de la misma.Bernardo Olivera 1 de enero de 1995 Documentos del Comité de Coordinación
![]() Contribución financieraDe nuevo reunidos en Asís y reflexionando sobre el futuro de las comunidades laicas cistercienses y del comité internacional, hemos tenido que afrontar la necesidad de recibir de vosotros la ayuda económica necesaria para proseguir con nuestro trabajo. ![]() Acta de reunión (13 al 19 de Septiembre 2008)Asociación Internacional de Las Comunidades Laicas Cistercenses ![]() CAPITULO GENERAL DE LAS BERNARDINAS DE ESQUERMESAl final del año 2007 enviamos invitaciones oficiales para el IV Encuentro Internacional de Laicos Cistercienses. Las Bernardinas de Esquermes aceptaron y Madre Josephine -Mary, Priora General, se comprometió a participar en el Encuentro de Huerta. Recibí, como representante francófona del Comité Internacional, una invitación de la casa general de las Bernardinas de Esquermes para ir a hablar del Encuentro de Huerta a Nuestra Sra. De la Plaine, cerca de Lille, con ocasión del Capítulo General de las Bernardinas. Acepté en nombre del Comité Internacional, comprometiéndome en nombre del miembro francófono del Comité que resultara elegido en Huerta. Como fui elegida yo misma, hice honor a este compromiso. Este intercambio da testimonio del vivo interés de las Bernardinas por el movimiento laico cisterciense. Un grupo de laicos camina adherido a Nuestra Sra. De la Plaine, el grupo de Flandres. Hay que subrayar además la ayuda que estas hermanas han aportado al Encuentro Internacional con la presencia Sor Mary- Philippa que ha asumido durante el Encuentro el trabajo de traducción simultánea francés-inglés. El encuentroLlegué Lille el sábado 9 de agosto a las 13 horas. Fui acogida por Sor Marie-Josèphe, una de las tres hermanas acompañantes del grupo de Flandres junto con Sor Marie-Simone y Sor Marie-Christiane. El primer contacto, sencillo, amigable, atento, me produjo un sentimiento íntimo de estar en familia. Desde entonces pude abandonarme a una paz interior muy necesaria, pero siempre muy difícil de percibir en medio del ajetreo de la vida cotidiana. Desde mi llegada, fui presentada a Sister Mary- Helen, la nueva Priora General, recientemente elegida por sus hermanas por una duración de seis años, de origen inglés. Pude aprovechar esa tarde de tranquilidad para descubrir mejor la historia de nuestras hermanas Bernardinas. No la conocía. Mi pequeña experiencia marcada más bien por la familia trapense me dejó un poco perpleja al saber que autenticas cistercienses formaban escuela. Y después he conocido su historia de "mujeres fuertes del evangelio", según el término que me atrevo a emplear. Comprometidas en la vida religiosa cisterciense desde 1799, después de los tormentos de la Revolución, tuvieron necesidad de una actividad en la enseñanza. A lo largo del siglo XIX, sometidas a otra regla diferente que la de San Benito, por voluntad de un sacerdote que quiso hacer de ellas una congregación apostólica, animado por el obispo del lugar, ellas vivieron su fidelidad cisterciense en secreto. Sus llamadas incesantes a Roma para verse reconocidas cistercienses no dieron resultado hasta la mitad del siglo XX. Esta fidelidad me ha llegado al corazón; todos los signos de esta independencia, entrañablemente adquirida, no han dejado de habitarme a lo largo de mi estancia y desde entonces hasta hoy. Previendo su expulsión a comienzos del siglo XX, fundaron en Inglaterra, en Bélgica y desde allí en el Congo, en Japón y en Burkina Faso. El domingo por la mañana, después de la misa celebrada en la bellísima iglesia recién construida, fui acogida por las hermanas capitulares. Los monasterios habían enviado delegadas y la asistencia reagrupaba a una treintena de hermanas aproximadamente.. Estaba presente una representante de la Orden Cisteciense, Madre Hildegarde de Mariastern (Austria); Dom Guillaume y Madre Inés de OCSO, habían sido recibidos la víspera por el Capítulo. Sus intervenciones habían sido muy apreciadas. Ante tal asistencia, frente a una "calidad cisterciense" semejante, no tuve miedo. Mi pequeñez incluso me ayuda, fuerte únicamente por todo lo que ya he recibido, en N.D. du Désert, en el seno del Comité Internacional, y durante las jornadas de Huerta. Por eso mi presentación del movimiento laico cisterciense fue el relato de una experiencia, de mi experiencia. Incluso si yo hubiese querido hacer una exposición muy elaborada, no hubiera tenido tiempo desde el regreso de Huerta , por eso yo decidí hablar sin notas, abrir verdaderamente mi corazón y mi memoria. Madre Josephine-Mary, Sor Marie-Josèphe, Sor Mary- Philippa —las tres presentes en Huerta- formaban parte de los asistentes. Madre Josephine-Mary intervino para decir hasta que punto ella había percibido en los laicos el deseo de vivir auténticamente los valores monásticos como la alabanza de Dios, la ayuda fraterna y la estabilidad en el compromiso. Las hermanas estaban muy atentas; el intercambio duró una hora y media. Una hermana habla de un verdadero Pentecostés, varias subrayan la acción del Espíritu Santo. Una de ellas habla de verdadero semillero para fecundar el mundo. El domingo por la tarde fue el momento de encuentro con los miembros del grupo de Flandres presentes en este tiempo de vacaciones, acompañados de Sor Marie-Simone y Sor Marie-Chrristiane. Leemos, o mejor, releemos los documentos de Huerta, ocasión para subrayar la autonomía de cada comunidad laica. Conviene precisar la total ausencia de autoridad del Comité Internacional en la vida interna de cada comunidad, de intercambiar a propósito del documento "lazos de caridad que nos unen", de la asociación ad experimentum decidida en Huerta. Intercambios muy directos, libres, atreviéndose a abordar las diferencias de percepción de unos y otros, perfectamente legítimas en la medida en que no turben la comunión que nos une y que es lo esencial. Debo añadir que esta comunión, yo la he sentido y que he sido particularmente feliz en estos diálogos. Después de Vísperas, sor Marie-Simone y yo misma, prolongamos este encuentro con un diálogo que me iluminó todavía más sobre la belleza de nuestras hermanas. La cena, tomada en autoservicio, dejó la posibilidad de hablar. Tuve la suerte de encontrar a las hermanas del Congo y de Burkina. "Alucinación" no es una palabra vana para describir lo que sentí ante tanto valor y tanta fe. El lunes por la mañana, el tiempo libre dio ocasión a nuevos intercambios, particularmente con Sor Benedicte de San Bernard del Touvet y Sor Marie-Josephe. Los ecos que me llegan son bastante unánimes. El movimiento de laicos cisterciense es acogido como un signo de los tiempos, que debemos aprender a leer para responder al deseo de Dios. Estoy conmovida al escuchar varias veces y con una gran riqueza de expresión: "¡vosotros los laicos nos enviáis a nuestra vocación!, tenemos ganas de vivir mejor todavía nuestra espiritualidad cisterciense". Veo aquí como una confirmación del regalo extraordinario de amistad que se nos está ofreciendo a todos y en el cual uno ya no sabe quien da y quien recibe. Acompañada a la estación por Sor Cecile Marie, de la comunidad de La Plaine, tuve todavía tiempo de saborear algunos intercambios sobre nuestros lazos cistercienses antes de subir al TGV (el AVE) y más allá a la vida cotidiana. ![]() VotumLos representantes de las Comunidades de Laicos Cistercienses presentes en el Encuentro Internacional de Huerta, en junio de 2008, agradecen calorosamente a las Congregaciones y Ordenes de la Familia Cisterciense su acogida y su apoyo después de tantos años. ![]() Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses
Los lazos de caridad que nos unen Al igual que los monasterios cistercienses, cada Comunidad Laica Cisterciense es autónoma en relación a las demás, pero todas ellas están unidas por lazos de caridad. Para concretar de algún modo estos lazos de caridad, los representantes de las diversas Comunidades Laicas Cistercienses presentes aquí, en el Encuentro Internacional de Santa María de Huerta, Junio 2008, deciden crear una Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses, que actuará ad experimentum hasta el próximo Encuentro Internacional que se celebrará dentro de tres años. En efecto, una de las formas principales de expresar esta unión es celebrando una reunión internacional cada tres años. Los que participan en estas reuniones son los delegados, miembros elegidos por cada comunidad, así como el monje o monja acompañante. Es responsabilidad del Encuentro Internacional la elección de un Comité formado por tres miembros, uno por cada uno de los principales grupos lingüísticos. La misión de este Comité en particular está orientada a establecer canales de comunicación entre todas las Comunidades Laicas entre sí, y con las Ordenes y Congregaciones Cistercienses, así como organizar un Encuentro Internacional cada tres años. Para permitir un funcionamiento apropiado a Otras formas de expresión de los lazos de caridad entre las comunidades son, por ejemplo, reuniones regionales de Comunidades Laicas, compartir recursos, documentos, informes, etc. y otras reuniones ocasionales entre algunas comunidades. El Comité tiene la responsabilidad de desarrollar los documentos básicos para el establecimiento permanente de Se confiere también al Comité Internacional la autoridad para armonizar el texto sobre ![]() Identidad Laica Cisterciense (Huerta 2008)
(Versión final) IDENTIDAD LAICA CISTERCIENSE Síntesis final extraída de las tres síntesis previas, fruto de las aportaciones de las comunidades laicas cistercienses Anglófonas, Francófonas, e Hispano parlantes, que ha sido concluida en el Encuentro Internacional de Santa Maria de Huerta, (España), el 6 de Junio de 2008. 1. Vocación Laica Cisterciense 1.1 De forma individual se reconoce como una llamada personal que se experimenta comunitariamente como un don de Dios. Lo definimos como una llamada a ser testigos activos de Cristo y de su Iglesia, en medio del mundo, dando un testimonio orante y contemplativo en una vida definida por los valores propios del carisma cisterciense, guiada por 2. Vida Laica Cisterciense 2.1. Creemos que la espiritualidad cisterciense es posible adaptarla a la vida de un laico, si bien queda muy claro que son dos formas distintas de vivirlo, monástica y laica, ambas son complementarias. Ello pone de manifiesto la vitalidad de la vida monástica. Los laicos hemos encontrado en la espiritualidad cisterciense un modo de vivir en el mundo con mayor entrega y profundidad espiritual. Todos afirmamos que el carisma cisterciense puede ser vivido fuera del monasterio. 2.2. Hay gran diversidad en las prácticas de la vida laica cisterciense, pero sin bien las formas pueden ser diversas, se utilizan los mismos medios para un único fin: la búsqueda de Dios. 2.3. Todos los valores y las prácticas cistercienses son un camino de liberación y un medio de conversión interior, y pueden ser incorporados a la vida de los laicos : Oración y alabanza Confianza y el abandono en Dios Humildad Obediencia Pobreza Castidad Austeridad Simplicidad de vida Equilibrio de vida Silencio y soledad Trabajo Hospitalidad y servicio Estabilidad Sencillez Alegría 2.4. Esta unificación interior, este camino de conversión, y este deseo de encarnación, nacen y se realizan en la elección de "no anteponer nada al amor de Cristo" (RB 72) viviendo en el mundo sin ser del mundo (Cf. Juan 17, 9-16). 2.5. Es una experiencia de transformación, tanto interior como exterior (conversatio morum), que se manifiesta en la frecuencia en los sacramentos, teniendo como centro 2.6. La dimensión cenobítica de nuestra vida laica cisterciense halla su expresión en la unión espiritual que experimentamos con todos los miembros de nuestra comunidad, tanto laica como monástica, por una vida más ascética y que nos lleva a estar unidos en la oración, el trabajo y la liturgia, aunque estemos separados físicamente. 2.7. Nuestra misión en cuanto Laicos Cistercienses se concreta en una vida testimonial, independientemente de que estemos implicados o no en diversas acciones apostólicas y sociales. El punto fundamental de nuestra vida laica cisterciense es encontrar el equilibrio entre los tiempos de oración y de acción. 3. Comunidad Laica Cisterciense 3.1. La experiencia de comunidad se expresa como el nacimiento de una nueva familia en la que se recibe ayuda y fortaleza para vivir con esperanza y sin miedo el compromiso cristiano. Experimentamos que orar juntos crea comunión y ello nos une en la distancia y nos fortalece. También constatamos que el mayor vínculo es haber sido unidos por el Espíritu Santo en una misma búsqueda: la búsqueda de Dios, y en consecuencia la comunidad es un enriquecimiento personal por la transmisión de valores entre todos sus miembros. Nuestra experiencia de comunidad nos hace sentir Cuerpo de Cristo. Sentir la necesidad de los otros alienta nuestra caridad y nos enseña humildad. La comunidad es un instrumento puesto por Dios para nuestra santificación. 3.2. Para la gran mayoría de nuestras comunidades es fundamental formalizar con algún tipo de compromiso personal de cada miembro ante la comunidad laica y monástica, como deseo y decisión que nos lleva a responder ante Dios a su llamada a esta vocación laica cisterciense. 3.3. Hay gran diversidad en la forma de organizar nuestras comunidades laicas. Se puede decir que algunas son más reacias a crear estructuras. 4. Vínculo con el Monasterio y con 4.1. La comunidad monástica es la heredera del carisma cisterciense en su forma actual. Las Comunidades Laicas Cistercienses, por su comunión con una comunidad monástica, reciben luz y formación por medio de los monjes y monjas, pero hay divergencia en lo que concierne a los vínculos concretos que nos unen y en la forma de describir estos lazos. 4.2. Sentimos las comunidades, monástica y laica, como una sola familia con distinta expresión de vida, pero todos tenemos muy clara la diferencia entre un laico/a y un monje/a. 4.3. Para todos los grupos, es la comunidad monástica, representada por el Abad o Abadesa, quien reconoce en ellos el carisma y les confiere su pertenencia a la familia cisterciense según la naturaleza de los lazos que les unan. 4.4. Es común a todas las comunidades y a todos sus miembros sentir el monasterio como nuestra casa y el lugar concreto donde el Señor une de una forma especial a ambas comunidades, laica y monástica, y a todos sus miembros entre sí. La hospitalidad de los monjes y monjas hace presente el Amor de Dios. 4.5. El hecho de ser Laicos Cistercienses no nos confiere privilegios en nuestra relación con la comunidad monástica sino que nos hace conscientes de nuestros deberes y responsabilidades. 4.6. Nuestras comunidades laicas tienen, con distintas frecuencias, sus Encuentros en el monasterio, en donde recibimos formación y aprendemos a amarnos unos a otros, en una nueva forma de relacionarnos centrada en Cristo, en la que todos los miembros hemos sido escogidos y llamados por Dios 4.7. Monjes — monjas, y laicos — laicas, aprendemos unos de otros la vida fraterna perseverando juntos en el camino de la santidad. 4.8.Muchos miembros de las comunidades laicas acudimos al monasterio de forma individual. Pero todos estamos de acuerdo en afirmar que para ser laico cisterciense no basta con sentirse atraído por un monasterio, sino que es necesario formar parte de la comunidad de laicos. 5. Epilogo 5.1. Creemos que las comunidades laicas cistercienses son obra del Espíritu Santo, pues sin casi haber comunicación entre unas y otras, su modo de vivir y sentir el carisma laico cisterciense está en total comunión entre todas ellas. Todos estamos de acuerdo en afirmar que en el laicado cisterciense, el carisma cisterciense, que durante novecientos años ha sido exclusivamente monástico, ha encontrado, por la gracia de Dios, una nueva forma de expresión, 5.3. En todas las Comunidades laicas existe el deseo de respetar y mantener la diversidad en aquellas cosas que no rompen la comunión. Vivir un mismo carisma con diversidad de expresiones unidas en lo esencial. Llamados y transformados por Cristo ¡María! ¡Rabunni! ![]() Acta de reunión
Me dirijo a vosotros para poneros al corriente de la reunión anual que hemos mantenido los tres miembros del Comité Internacional: Dennis Day, Marie Christine Rossignol, y yo misma, Tina Parayre, conjuntamente con nuestro enlace monástico, Dom Armand Veilleux. La reunión se ha celebrado en el Monasterio de Santa María de Huerta, sede del próximo Encuentro Internacional, los días 10 al 18 de Septiembre 07. Finalidad y objetivos del Encuentro El Comité Internacional, conjuntamente con Dom Armand Veilleux, nuestro enlace con OCSO nombrado por el Capítulo General, después de estos años de trabajo y deliberaciones hemos propuesto los siguientes objetivos para el Encuentro Internacional de Huerta 08 Lugar del Encuentro El marco donde se desarrollará el Encuentro reúne todas las condiciones para crear un ambiente de trabajo que nos sumerja en el carisma cisterciense. Tendremos el privilegio de desarrollar todas las Asambleas Plenarias en el emocionante Refectorio Gótico (Siglo XII) del monasterio, la Santa Misa, Laudes, Vísperas y Completas las celebraremos también en el monasterio con la comunidad monástica, mientras que las Horas Menores las rezaremos en el lugar de trabajo. El alojamiento será en el antiguo Colegio -Internado del Sagrado Corazón, que sigue perteneciendo a esta orden religiosa, pero que ya no se utiliza como colegio. Se encuentra a escasos cinco minutos andando del monasterio. Las habitaciones son pequeñas, casi todas individuales, tienen un lavabo incorporado, pero las duchas y WC se hallan en los pasillos. Está todo limpio y cuidado, y con una sencillez y austeridad que creo nos ofrecerá todo lo necesario para un merecido descanso después de la apretada agenda diaria de trabajo. Al ser un antiguo colegio dispone de muchas salas para poder desarrollar cómodamente los trabajos en grupos. Invitados Dada la importancia de este Encuentro tenemos el honor de invitar a personas de gran importancia espiritual para nosotros. Esperamos poder contar con su presencia: Programa de la semana Horario diario Horas Menores Rezaremos las Horas Menores en Español cuando coincidan con las Asambleas plenarias y en las diferentes lenguas cuando coincidan con los trabajos en grupos Eucaristía La Misa será siempre en Español excepto el Martes que se celebrará en Inglés y el Viernes que se celebrará en Francés Reserva y costes Tal como os escribí en la carta del año pasado, sólo podrán participar en el Encuentro DOS representantes laicos y su acompañante monástico. La elección de vuestros representantes debéis hacerla teniendo en cuenta que se deberán tomar importantes decisiones, por lo que es aconsejable que sean miembros cualificados y con fuerte vinculación al grupo y al monasterio. El Encuentro va a suponer un gran esfuerzo comunitario, con muchas horas de trabajo El precio por persona es de 600 €. Esta cantidad incluye 8 noches, pensión completa, el material necesario para el Encuentro (alquiler de los aparatos para la traducción simultánea, megafonía, transporte a los aeropuertos, etc). En el Encuentro os presentaremos las cuentas detalladas de todos los gastos. Si alguno de vosotros, de forma individual o en grupo, quiere colaborar en el Fondo Común para ayudar a los hermanos con economías menos saneadas, puede hacerlo. Algunos hermanos nuestros no podrían participar en el Encuentro sin nuestra ayuda. Síntesis del Documento de las Comunidades de habla hispana Con todos los Documentos que habéis enviado vamos a redactar una síntesis por cada lengua. En Diciembre os será enviada la síntesis de los Documentos de las Comunidades de habla hispana para que podáis hacer las correcciones necesarias. (También os enviaremos las síntesis Francófonas y en lengua Inglesa como simple información). Después de recibir vuestras observaciones, redactaremos una única síntesis con las tres lenguas, que también os será remitida para que tengáis la oportunidad de estudiarla antes del Encuentro, pues será el texto mártir que deberemos trabajar entre todos. Cartas Fundacionales y/o Estatutos Todos los que tengáis documentos fundacionales, Cartas de Caridad, Estatutos, etc. por favor enviádmelos también antes del 15 de Diciembre para que puedan ser incluidos en la Información de cada Comunidad en nuestra Página Web antes del Encuentro para que todos los que estén interesados puedan tener acceso a ellos. Informes Internos Junto a esta carta os adjunto un cuestionario que deberéis rellenar y enviármelo antes de del 15 de Diciembre. Este cuestionario es una breve descripción de vuestra comunidad laica. Con estos informes vamos a confeccionar un libro del que podréis disponer en nuestra Página Web. Este libro, que podréis imprimir, contendrá la información de todas las comunidades participantes y sustituirá las presentaciones. Los que habéis tenido la ocasión de participar en anteriores Encuentros sabéis lo monótono y largo que resultaba, si bien es importante poder disponer de dicha información. Leed atentamente todas las instrucciones antes de escribirlo. Viaje Para los que venís de Hispanoamérica, supongo que os gustará saber que el Monasterio de Santa María de Huerta se halla situado en la provincia de Soria, en plena Castilla, en un pequeño pueblo de 350 habitantes que lleva el mismo nombre del monasterio. El aeropuerto más cercano es Madrid - Barajas a 150Km de distancia. Conclusión En nuestra página Web podréis encontrar toda la información sobre el Encuentro y los detalles prácticos sobre cómo hacer las reservas, etc. Como podéis ver ya estamos en marcha hacia este acontecimiento tan importante y que puede marcar un hito histórico. Espero que todos estéis tan ilusionados y esperanzados como lo estamos nosotros. No dudéis en contactar conmigo para aclarar cualquier duda que podáis tener. Ya sabéis que me tenéis a vuestra entera disposición. Por favor, confirmad la recepción de este e-mail para que pueda estar segura que habéis recibido esta importantísima información. Espero que durante los próximos meses podamos ir teniendo una estrecha y frecuente comunicación. ![]() Acta de reunión (11 al 15 de Septiembre 2006)Acta del Comité Internacional de Dirección La próxima reunión del Comité Internacional tendrá lugar en el monasterio de Huerta, previsiblemente, los días 10 al 17 de Septiembre 2007 ![]() Acta de reunión (October 17 — 22, 2005)Acta de la primera reunión Familia Cisterciense
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