ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE COMUNIDADES LAICAS CISTERCIENSES 


  • Bienvenidos
  • Comunidades
  • Comité
  • Recursos
  • Aportaciones

RECURSOS

Documentos del Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia

  • Carta del Papa a la Familia cisterciense (6 de marzo de 1998)
  • Mensaje de la Sinaxis cisterciense en Císter (17-20 de marzo de 1998)
  • Informe de la Sinaxis en Císter, por Dom Armand Veilleux
  • Homelía para el noveno centenario de Císter (21 de marzo de 1998) dada por Dom Bernardo Olivera, Abad General O.C.S.O.
  • Simposio cisterciense de Brasil : Síntesis conclusiva (Julio de 1999)
  • Utopía de la Familia Cisterciense - homilía de Dom Bernardo Olivera (27 de octubre de 2000)
  • Mensaje a las Comunidades Cistercienses (26 de Enero de 2007) Dom Mauro Esteva, Abad General O.C. y Dom Bernardo Olivera, Abad General O.C.S.O.

Los documentos con respecto a Laicos Cistercienses

  • La clausura o la soledad del corazón o, cómo custodiar el corazón (Mother Gail Fitzpatrick)
  • La clausura o la soledad del corazón o, cómo custodiar el corazón (Mother Gail Fitzpatrick)


    El tema que he seleccionado para las reflexiones de esta noche pueda que les parezca extraño. Es evidente que el clausura es un asunto relevante a los monasterios, pero ¿qué es lo que tiene que ver con la gente laica, los hombres y mujeres que viven vidas llenas y ocupadas adentro del mundo?

    Hay dos razones por las cuales escogí este tema. Una es que el clausura es una realidad de nuestra vida como monjes y monjas cistercienses, y hoy estamos involucrados en el estudio y discusión para discernir de qué manera se nos exige vivir esa realidad de una manera auténtica en el siglo veinteiuno. Así que se trata de un tema de actualidad—uno que se va a discutir ampliamente en la Convocación General.

    La segunda razón deriva de la experiencia de los Asociados Laicos de los Cistercienses de Iowa. Hace unos dos años, los Asociados nos pidieron que les habláramos acerca del clausura para ayudarlos a entender mejor de qué se trata, y cómo ellos pudieran apreciar mejor este aspecto de nuestras vidas. Así lo hicimos, y tuvimos una buena discusión sobre los diferentes niveles del clausura. Al final, llegamos a la siguiente pregunta: ¿Tendrá esta práctica monástica alguna vigencia en nuestras vidas como mujeres y hombres laicos?

    Un año después, supe que muchos de los asociados habían adoptado esta disciplina monástica y hecho cambios importantes en sus vidas siguiendo el esp íritu del clausura y la soledad del corazón. Me conmovió la respuesta tan seria que dieron a esto. Más adelante, me gustaría compartir con ustedes algunas de sus experiencias. Pero ahora quizás podríamos considerar ¿qué es lo que es el clausura para los monjes y las monjas? ¿Cuál es su objetivo y su valor? ¿Cómo es que uno lo vive?

    Yo diría que hay tres niveles o maneras de entender la palabra clausura. Una es de índole material. Si ves un cartel en una cerca o una puerta que dice "clausura," tú sabes inmediatamente que sólo los que pertenecen a una comunidad monástica pertenecen también adentro de ese límite territorial. El "clausura" es un espacio particular, claramente demarcado, adentro del cual pueden entrar solamente las personas que son miembros y, asimismo, del cual pueden salir esos mismos miembros por razones específicas.

    Una segunda manera de entender el clausura es jurídica. Nos referimos al "clausura papal", "clausura constitucional", y actualmente nosotros los Cistercienses hablamos de "clausura monástico." Estas designaciones se refieren a tipos de leyes. Para que la Iglesia nos reconozca como orden monástica, debemos escoger qué forma de clausura es la más apropiada para nuestra forma particular de vida, y la Iglesia debe aprobar esa elección. Cuando esto ocurre, la comunidad y los miembros de esa comunidad están obligados a vivir dentro de ese marco de referencia jurídico. Este aspecto se discute actualmente dentro de la Orden. Involucra especialmente a las monjas de la Orden, pero también afecta la vida de los monjes.

    Ahora llegamos al tercer nivel. ¿Qué tiene que ver la práctica material y jurídica con la vida? ¿Cómo afecta, o cómo se supone que afecte, la vida espiritual de los monjes y las monjas? Para citar a Dom Ambrose Southy en su carta a la Orden en 1985, "el clausura no es valor monástico. Es el sostén material para proteger algo que sí es un valor monástico—la soledad.

    Otra manera de expresar esto sería en términos de la pureza del corazón. Cassian nos enseña que la pureza del corazón es la meta de la vida monástica. Yo veo la práctica o disciplina del clausura como una manera de custodiar el corazón. Cuidar el corazón significa reconocer que muchas cosas pueden ser buenas en sí mismas, pero quizás no conduzcan a que virtudes como el amor, la compasión, el concentrarse en Jesucristo, el don de sí mismo y el rezar cada hora para el Reino, se asientan en el corazón. Muchas cosas son buenas, pero cuidar el corazón es discernir constantemente el llamado de Dios, el llamado del amor, y es también expurgar del recinto más íntimo lo trivial, lo curioso, y la animadversión que destruyen el reino de la paz divina adentro de uno mismo.

    En un documento reciente sobre el clausura, una monja cisterciense escribe: "El corazón del sujeto monástico se convierte en el espacio donde toda la creación entra en el silencio de Dios y en el silencio de la adoración. El verdadero clausura es el corazón que uno dedica al amor indiviso de Dios, no el espacio encerrado del clausura.

    Dom Bernardo, en su comparecencia ante el Senado de Obispos sobre el tema de la vida religiosa, dijo: "La soledad del corazón y la concentración de todas nuestras fuerzas en la búsqueda de Dios requiere una soledad interior que se fortalece por medio de la soledad exterior.

    Cuando hablamos del clausura material, mencionamos que el anuncio del clausura es como una puerta que puede, a la vez, permitir e impedir la entrada como permitir e impedir la salida. El clausura conlleva, por lo tanto, una doble función. Así que podríamos preguntarnos: ¿qué es lo que el clausura excluye del monasterio? San Bernardo en el siglo XII hizo una lista que todav ía tiene vigencia. Escribió: "Disfrutará la soledad si usted rehúsa chismorrear, si evita involucrarse en los problemas del momento y no se deja llevar por las fantasías de las masas, si usted rechaza lo que todo el mundo desea, si evita la confrontación, toma las pérdidas a la ligera, y no responde a los ataques e injurias" (S de S 40: 4-5).

    A la lista de Bernardo, yo añadiría una lista de las bestias del siglo XXI a las cuales se cerraría la entrada: los "ismos" culturales, como el consumerismo, el materialismo, el secularismo, los ídolos del mundo de los entretenimientos y los deportes, y los excesos de los medios de comunicación. Siempre hay una fina barrera de discernimiento entre lo que se debe saber—para llevar el peso y los sufrimientos de nuestro mundo a la oración—y lo que es demasiado...lo que es sencillamente curiosidad y flojera. Yo también agregaría esta pregunta al proceso de discernimiento: ¿Qué es lo que se necesita? ¿Qué es lo que hace falta para la verdadera relajación y el verdadero disfrute de la vida? De seguro, ustedes podrán aumentar la lista a partir de su propia experiencia. El propósito del discernimiento es el siguiente: ¿Qué es lo que nutre al espíritu? ¿Qué es lo que promueve la pureza del corazón?

    Aquí hemos usado la analogía de una puerta que impide la entrada como la señal que marca un límite. Me gustaría hablar brevemente sobre la experiencia vivida adentro de esa puerta o más allá del anuncio que dice "clausura". Yo entré a la vida cisterciense en 1956. Durante todos estos años, he visto muchas veces el otro lado de la puerta o lo que está del otro lado del cartel del clausura—todos los días. Yo nunca lo he experimentado como una barrera o algo que encarcela. Al contrario, he sentido una unión con la gente, especialmente con los que sufren. Conozco a monjes que han experimentado el llamado a una profunda unión en Cristo con gente que sufre de diferentes maneras. Una monja que conozco siente una gran compasión por las mujeres—especialmente en nuestro mundo contemporáneo—y reza con lágrimas por las que sobrellevan la carga de la violencia. Parece cierto decir que, conforme se delimitan o se recortan las experiencias y los compromisos, uno puede calar aún más a fondo. Esto no es solamente un fenómeno de la vida monástica, pero es consecuencia viva de una mayor soledad y el cultivar conscientemente el resguardo del corazón.

    Hace falta una cierta distacia para sostener tanto la luz de la presencia de Dios como la oscuridad de la sombra del mal en nosotros y en los demás, y para poder responder a profundidad. Esta distancia o espacio puede ser física, como en el caso de los monjes y monjas. Para ustedes, la distancia puede ser virtual. Ese es el reto que tienen como laicos cistercienses.

    La esencia del clausura es la custodia del corazón. El propósito de custodiar el corazón es poder estar totalmente disponible a Dios y al trabajo de conversión, compasión, y contemplación a los cuales nos llama Dios como Cistercienses—seamos laicos o religiosos.

    Me gustaría decir algo acerca de esta trilogía: Conversión, Compasión, y Contemplación—éste es el fundamento de la espiritualidad Cisterciense (Los pasos del orgullo y la humildad). El primer grado de la verdad es el auto-conocimiento. Es ese radical conocimiento de sí mismo que no se puede subvertir. Reconozco en mí misma la imagen de Dios—el hijo querido y agraciado de Dios. Reconozco también en mí misma el despreciar de esa imagen debido a mi propio olvido, egoísmo, o cualquier otra manera en que me coloco ante Dios y ante los demás. Esta honestidad en verse a uno mismo es el principio de la conversión, el movimiento más allá de mi misma.

    Conforme opera en mí la gracia de la conversión, descubro el segundo nivel de verdad, que es la compasión. Llego a conocer y a entender a los otros a través de mis propias debilidades. No se aprende la compasión a través de la fuerza; al contrario, la aprendemos a través de nuestras debilidades. Y es la aceptación de nuestras propias debilidades y de nuestra vulnerabilidad, y la de nuestro prójimo, el medio por el cual nuestros corazones se purifican y Dios se nos revela de diferentes maneras. Podemos ver a Dios. Esto es la contemplación. Bienaventurados los puros de corazón, pues ellos verán a Dios.

    Este es el trabajo de los Cistercienses—el trabajo de la conversión, la caridad de la compasión y la dicha de la contemplación. Estas siempre están operando en nosotros...nunca las podemos tener todo a la vez...¡ya que nunca terminamos! San Bernardo escribe: el taller donde debemos aplicarnos con desvelo a la ejecución de estas tareas es el clausura del monasterio y la estabilidad que se encuentra en la comunidad.

    Una vez más, regresamos al clausura. Yo no pretendo saber de qué manera los hombres y las mujeres laicas puedan integrar esta práctica monástica a su vida diaria. Algunos laicos asociados han mencionado varios cambios que han hecho en su estilo de vida, o nuevas realizaciones que han tenido.

    Yo diría que éstos se pueden agrupar bajo tres categorías: un lugar sagrado, el uso limitado de los medios de comunicación masivos, y la reverencia y el respeto hacia todas las personas.


    Probablemente muchos de ustedes han establecido en sus casas "un lugar aparte" para el silencio y la oración. Esto no significa que se separan de su familia y amigos, pero que han creado un lugar para concentrarse, para centrarse en Dios. Para una pareja, su práctica diaria de rezo era el automóvil, mientras conducían al trabajo cada mañana. Para ellos, la alabanza matutina y el rezo en quietud determinaban el tono de cada día. Para otra pareja, el cuarto piso de una oficina se convirtió en una especie de "clausura" ¡porque no mucha gente quería subir tantas escaleras! A veces, la reflexión sobre la soledad puede facilitar a alguien a apreciar la soledad que ya está presente en su vida. Una persona que vive sola me dijo que nuestra plática sobre el clausura la ayudó a reconocer el valor de su propio "clausura sin querer." Ella dijo: "No tenía ningún sentido antes de que empecé a pensar en ello como un aspecto natural del modo de vida monástico que he adoptado.
    El uso de los medios masivos de comunicación, la televisión, y los periódicos representa un área que es necesario delimitar. Sé de parejas que han eliminado la televisión totalmente de sus casas o que han reducido drásticamente el tiempo que consumen frente a la televisión. Tal como lo puso uno de ellos: "Ahora estoy más consciente de lo que se introduce en mi entorno personal." Otra lo expresa en términos del efecto en su propia vida interior de los mensajes y las perspectivas que se promueven por el medio televisivo. No se trata necesariamente del temor a que uno pueda contaminarse de esos valores o falta de valores, sino más bien de sentir una depresión o enojo sobre lo que los medios masivos de comunicación reflejan acerca de la cultura y el mundo en que vivimos. Estos comentarios reflejan, a mi juicio, un resguardo activo y dedicado del corazón.
    La reverencia hacia las personas y el estar pendiente de las necesidades del prójimo de manera concreta y con actitud de rezo es ciertamente una prioridad. Se necesita un sentido de equilibrio y la aptitud para establecer límites tanto en la vida laica como en la vida monástica. Hace falta discernir para poder determinar cuando una "interrupción" es Cristo disfrazado, y cuando es un reto del cual sería mucho mejor desprenderse.
    Otra manera de explicar lo que es el discernimiento es como un proceso de filtración. Uno debe preguntarse acerca de cada estímulo, cada actividad, cada relación en nuestras vidas: "¿cómo esto ayuda la meta de vivir una vida espiritual, de buscar a Dios en todos los acontecimientos y actividades de mi vida?" Este filtro lo utiliza mucha gente seria, especialmente en nuestra cultura con su sobrecarga de estímulos sensoriales; lo que es diferente es la meta.

    Dejar cosas afuera es solamente un aspecto del proceso de filtración; la invitación es otra. El clausura también significa invitar hacia el espacio íntimo de la persona a esas cosas y personas que van a promover nuestra meta de vivir conscientemente en la presencia de Dios y de encontrar nuestro verdadero ser como consecuencia de este proceso. Así que el significado del clausura se amplía para incluir la comunidad—un grupo de gente que aceptan la necesidad de filtrar y que comparten la misma meta.

    Quizás quieran explorar más a fondo los vínculos entre la comunidad y el clausura o la soledad. Por último, me gustaría mencionar un aspecto de la soledad y la reverencia por lo sagrado del otro que es única a las personas casadas. Aquí voy a citar extensamente ya que no puedo decirlo tan bien como la persona quien escribió esto:

    "Estoy tratando de prestar más atención a la naturaleza sacramental de mi matrimonio y a la manera en que funciona como fuente de gracia en mi vida. Parte del hecho de estar casado significa esforzarse mucho para estar totalmente abierto y accesible al otro, de no dejar nada atrás; de no tener secretos, de estar dispuesto a ser vulnerable. Pero también significa no hacer excesivas demandas, no desear más de lo que la otra persona esté dispuesta a dar. En este sentido, el clausura es un aspecto importante en mi matrimonio ya que involucra el tratar de honrar y respetar esas partes uno del otro en las cuales no tenemos derecho de entrometernos."

    Para terminar, quisiera darles las gracias a los que han compartido con nosotros la experiencia de vivir la esencia del clausura que es la soledad y el resguardo del corazón en sus vidas. También quiero agradecerles a todos ustedes que están escuchando al Espíritu de Dios en sus vidas. Creo que el carisma de la espiritualidad Cisterciense se adapta fácilmente, y que el Espíritu va a respirar este don de acuerdo a la voluntad de Dios. Sabemos que el amor aumenta cuando uno lo reparte. Creo que lo mismo ocurre con la espiritualidad. Se enriquece y se profundiza en la medida en que muchos buscan entenderlo e integrarlo a sus propias vidas.

    Lo que puede empezar como una atracción hacia un lugar o un monasterio en particular, puede convertirse en fuente de nueva vida y un gran fruto para el reino. Nos llama a nosotros los monásticos a una mayor autenticidad. El ejemplo de su búsqueda nos hace sentir humildes y nos impulsa [en nuestra propia búsqueda].

    Vamos a terminar con San Bernardo—en oración: Que El nos junte a todos en la vida eterna.

    Madre Gail Fitzpatrick
    26 de Abril 2002

  • Más allá de nuestras propias fronteras (Dom Bernardo Olivera)
  • Más allá de nuestras propias fronteras (Dom Bernardo Olivera)


    Nuestra vida monástica cisterciense puede ser considerada como un carisma. Es decir, como un don de Espíritu para la Iglesia de Cristo. Este don fue entregado en un momento preciso de la historia, en una cultura determinada, para responder a desafíos particulares y, quizás, en reacción a determinadas situaciones. Todo esto es indiscutible.

    El tiempo incide en el carisma en una doble forma: lo oscurece y lo ilumina. Lo oscurece pues el carisma ha nacido en un contexto local y en un momento determinado. Lo ilumina, pues es precisamente el paso del tiempo el que lo desvincula de las circunstancias que le sirvieron de encarnación original.

    La historicidad de nuestro carisma exige la necesidad e impone el deber de aggiornarlo y de inculturarlo. La inculturación no dice sólo referencia a lugares geográficos y a tiempos o épocas. Dice también referencia a los géneros (masculino y femenino), a las generaciones (jóvenes, adultos, ancianos), a diferentes grupos sociales (campesinos, ciudadanos, obreros, profesionales...) y a los estados de vida (clérigos, consagrados, laicos...).

    La renovación suscitada por el Concilio Vaticano II fue un momento privilegiado en este proceso de aggiornamento e inculturación. El post-concilio nos regaló otra novedad: el nacimiento de grupos de laicos y laicas que desean compartir nuestro carisma en medio del mundo, de las realidades humanas y de las actividades seculares. Se trata, en consecuencia, de una nueva inculturación del carisma cisterciense.

    Pero, ¡atención!, necesitamos que ustedes no sean "fotocopias" cistercienses en su versión monástica, sino que re-encarnen el carisma, nos hablen de él con otro lenguaje, descubran nuevas mediaciones, lo re-inculturen. Y para todo esto no precisan pedirnos permiso a nosotros, el carisma es un don que hemos recibido y encarnado históricamente, pero no es nuestra propiedad. Los invito a seguir arriesgando e ir más allá de nuestras propias fronteras.

    En realidad no soy yo quien los invita. Es el Espíritu quien les ha hablado al corazón y los ha invitado a recrear nuestro carisma cisterciense dándole una nueva forma. Las preguntas que nos podemos formular serían estas:

    • Cuáles serían los criterios básicos para discernir una vocación cisterciense laical en su inicio y en las distintas etapas de crecimiento.
    • Cuáles son los exercitia corporalia et spiritualia propios de una conversatio cisterciense laical para ser vivida en el mundo aunque no se sea del mundo.
    • Cuáles serían los elementos fundamentales para establecer un programa de formación que permita encarnar los valores en las vidas de los laicos/as cistercienses.
    • Cuáles son los servicios y las relaciones que han de existir entre los miembros de un grupo de laicos/as cistercienses a fin de que la vida crezca y se difunda.
    • Qué forma de compromiso ha de unir a los laicos/as cistercienses con el Señor, con los otros miembros del grupo, con el monasterio de referencia y con la Orden.
    • Qué tipo de unión o de asociación podría existir entre los grupos de una misma región y de las distintas regiones entre sí.
    • Qué se espera de los monasterios de referencia y de la Orden en su conjunto.

    Muchas de estas preguntas ya han sido respondidas por muchos de ustedes. En algunos casos las respuestas han vencido el paso del tiempo, han mostrado un valor estable y se han recopilado en estatutos. Por eso podemos hoy confrontar nuestros hallazgos a fin de seguir buscando y encontrando. Qué el Señor nos asista con su Espíritu creador. Amén.

    Dom Bernardo Olivera
    Homilía en el II Encuentro Internacional de Laicos Cistercienses, Conyers, 25-IV-2002


  • La participación de fieles laicos en la Familia Cisterciense (Dom Armand Veilleux)
  • La participación de fieles laicos en la Familia Cisterciense (Dom Armand Veilleux)


    En 1098 un grupo de monjes, siguiendo la regla de San Benito, dejaron su monasterio de Molesmes, para continuar su vida monástica de una forma más radical y con un espíritu más renovado. Al nuevo monasterio se le llamó Cîteaux. Después de un lento comienzo, el monasterio atrajo muchas nuevas vocaciones e hizo nacer nuevos monasterios que seguían el mismo estilo de vida. Estos monasterios estaban unidos por un lazo de caridad y formaron así una orden distinta dentro de la extensa familia Benedictina (Remarco la palabra dentro porque sería un error considerar la fundación de Cîteaux como una escisión dentro de la familia benedictina: Incluso hoy, hay una gran familia benedictina que no sólo incluye a los monasterios que pertenecen a varias congregaciones que están organizadas en la Confederación benedictina, sino también a todos los monasterios que siguen la Regla de San Benito, incluyendo los monasterios Cistercienses.)

    A lo largo de los siglos, los monasterios Cistercienses, cada vez más y más numerosos, y pertenecientes a varios países separados por largas distancias y dificultades, se han unido en varias Congregaciones que han dado a luz a varias Observancias. Al final de un largo y complejo proceso, el principal tronco de la gran Familia Cisterciense se ha dividido, desde 1892, en dos ramas: la llamada Común Observancia quien ahora usa el nombre latino de Ordo cisterciensis y la llamada Estricta Observancia que usa el nombre latino de Ordo cisterciensis strictioris observantiae. Algunos grupos de monjas, que estaban bajo la autoridad de los obispos locales o separadas de la Orden algunos siglos atrás, pero que habían vuelto a sus raíces cisterciences, ahora forman Ordenes o Congregaciones autónomas; cómo por ejemplo las monjas bernardas de Esquermes o las hermanas de las Huelgas en España (llamadas la Congregación de San Bernardo en España). Si añadimos a esto algunas Congregaciones como las Bernardas de Oudenaarde y unas cuantas casas particulares que nunca pertenecieron a alguna de las mencionadas Ordenes Cistercienses pero que siempre estuvieron espiritualmente ligadas a una de esas órdenes, entonces tenemos lo que hemos estado llamando durante años la Familia Cisterciense.

    Ahora bien, cuando organizamos en 1998 una reunión o sínodo de todos los representantes de esa Familia Cistercienses en Cîteaux con ocasión del noveno centenario de la fundación de Cîteaux, también tuvimos entre nosotros algunos representantes de lo que llamamos "laicos Cistercienses". El Capítulo General de 1996 de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia mencionó en una votación que los laicos deberían tomar parte en aquella celebración y que incluso habían sido mencionados en una carta escrita por el Papa a la Familia Cisterciense con motivo de tal ocasión.

    Lo primero de todo, resaltar que el Papa no había escrito a ninguna Orden cisterciense en particular sino a la "Familia Cisterciense", reconociendo así a todo el movimiento de comunión que nos ha llevado a un nuevo conocimiento de la existencia de tal "familia", a pesar de las diferencias en nuestros estilos de vida y de nuestra diversidad jurídica. Por tanto, es muy interesante ver lo que el Papa dice acerca de los laicos cistercienses y en que contexto lo dice.

    El contexto más amplio es el de redescubrir el papel de los laicos en la vida de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Durante un largo período en la historia de la Iglesia, la espiritualidad ha sido desarrollada en gran parte por los Religiosos y para los Religiosos y casi todos los ministerios en la Iglesia han sido ministerios clericales. Siguiendo las ideas del Concilio Vaticano II, el Sínodo de 1987 "La vocación y misión del laico en la Iglesia y en el mundo" puso énfasis no sólo en la espiritualidad de los laicos y su papel en la misión dentro de la Iglesia, sino también en el derecho que tiene el pueblo laico a unirse a comunidades de personas laicas que siguen determinadas orientaciones espirituales.

    Lo que hemos visto desde entonces, e incluso antes, no ha sido tanto el desarrollo de comunidades compuestas únicamente por personas laicas, como el desarrollo de comunidades o movimientos compuestos de cristianos con opciones de vida distintas, bien laicos o clérigos, casados o célibes, unidos entorno a una misma espiritualidad y una misma misión. Lo que también hemos podido ver ha sido que muchos laicos han encontrado un soporte espiritual o, lo que es más, una identidad espiritual en el carisma de comunidades religiosas, ya existentes, de vida activa o contemplativa. Ha habido un período en el que mucha gente, especialmente gente joven, ha querido compartir, al menos durante unos pocos años, la misión de una comunidad religiosa, sobre todo en Iglesias Jóvenes. Pero, poco a poco, los laicos quisieron compartir no sólo la misión de la comunidad sino también su espiritualidad y, lo que es más, su propia vida. Este es el contexto más relevante en el que debemos entender las palabras mencionadas por el Papa sobre los fieles laicos en su carta a la Familia Cisterciense.

    El contexto más inmediato es el Cisterciense. Las primeras comunidades, como todas las comunidades monásticas del momento, tenían una "familia", esto es, un pequeño grupo de trabajadores contratados, distintos de los hermanos laicos, que estaban integrados en la vida de la comunidad. Nuestros monasterios siempre han tenido "oblatos", es decir, personas, que por una razón u otra, vivían con la comunidad y compartían totalmente la vida de la comunidad pero sin hacer votos. Pero tradicionalmente nunca hemos tenido "oblatos externos". Sin embargo, casi todos los monasterios tenían unas pocas personas ligadas espiritualmente con la comunidad, no en términos jurídicos pero sí de una manera muy real, bien viviendo en la hospedería o cerca del monasterio, como un familiar (hermano o hermana).

    Más recientemente, esto es, durante las últimas décadas, personas laicas, individualmente o en grupos, han pedido, más y más amenudo, ser "oblatos" o estar asociados con nuestra Orden o con una de nuestras comunidades.

    Debemos resaltar algo importante y es que nuestra Orden es una "comunidad de comunidades". Uno nunca se une a la orden como tal, sino que uno llega a ser miembro de la orden uniéndose a una comunidad local. La Orden Cisterciense tiene una vocación cenobítica específica. Por lo tanto, la vocación Cisterciense no es nunca la vocación a eso llamado "espíritu cisterciense", sino que es la vocación a una comunidad local o al espíritu Cisterciense tal y como está encarnado en la vida de una comunidad concreta.

    Por ello el único camino por el cual uno puede llegar a ser un "laico cisterciense es, no por medio de algún tipo de conexión jurídica con la Orden Cisterciense, sino estableciendo una unión personal de comunión con una comunidad Cisterciense local concreta, bien sea de monjes o de monjas.

    Hay básicamente dos caminos para hacer esto. Un individuo puede desarrollar una relación personal con la comunidad. El o ella puede encontrar un soporte espiritual en el hecho de rezar con la comunidad o participar en la eucaristía y en la Liturgia de las Horas. El o ella puede recibir de una de las hermanas o de uno de los hermanos el servicio de orientación espiritual o acompañamiento. Esto ha existido siempre, aunque sea más frecuente en nuestros días, y no se ve que necesite ser estructurado de una determinada forma.

    Cuando la gente expresa el deseo de algo nuevo dentro de este terreno, lo que siempre sugiero, personalmente, es formar alrededor de una comunidad monástica una comunidad de laicos que tengan su propia identidad y su propia vida. Creo firmemente que este es el mejor camino para descubrir gradualmente nuevas vías para encarnar el espíritu Cisterciense en la existencia diaria de las personas laicas corrientes. Además, este es el mejor camino para evitar el peligro, para las personas laicas, de actuar como monjes o monjas en medio del mundo.

    Un carisma no pertenece a una persona o a un grupo en particular: Pertenece a la Iglesia, esto es, el Pueblo de Dios. Aquellos que viven de acuerdo a un carisma en un momento específico de la historia son los custodios de dicho carisma. Los monjes y monjas Cistercienses de hoy no son los propietarios del carisma Cisterciense: son sus custodios. Creo firmemente, partiendo de lo que he venido observando en las décadas pasadas, que el Espíritu Santo quiere dar una nueva expresión a ese carisma en nuestros días, en la vida de las personas laicas. Sólo los laicos que reciben este carisma por parte de la comunidad monástica y lo desarrollan en el seno de una comunidad laica, pueden descubrir gradualmente, en su experiencia concreta, lo que al respecto "el Espíritu Santo le está diciendo a la Iglesia".

    Eso requiere a la vez una vida autónoma de la comunidad laica y una constante comunión y diálogo con la comunidad monástica.

    El diálogo con la comunidad monástica se puede realizar de diversos modos. Aparte de compartir la oración y la celebración litúrgica, y compartir tal vez algún tipo de trabajo o apostolado, la mayoría de las veces en la hospedería, puede entablarse un diálogo con el abad o con algunos monjes designados por este mismo, o incluso con toda la comunidad en algunas ocasiones.

    El discernimiento dentro de la propia comunidad laica debe ser un discernimiento continuo, un constante escuchar al Espíritu. No se le debe preguntar a la Orden que es lo que debéis ser. Sois vosotros los que debéis encontrarlo. Actualmente, grupos de personas laicas asociados algunas comunidades, se han desarrollado de muchas maneras diferentes. Considero que la diversidad es algo muy positivo. Cada grupo, conservando su propia identidad, debería permanecer abierto a los cambios y al crecimiento, y aprender de los otros. Pienso que es demasiado pronto para intentar crear modelos comunes. Si se necesitan modelos comunes, estos se desarrollarán por sí mismos. Una importante diferencia entre los grupos de EE.UU es, que algunos grupos aceptan a personas no católicas como miembros de su grupo, otros en cambio no. Las dos opciones me parecen legítimas. Ya que hay unas cuantas comunidades cistercienses luteranas en la gran Familia Cisterciense, y que hay algunas comunidades monásticas Cistercienses que tienen o han tenido algún que otro no católico entre ellas, debe haber algo positivo en nuestro tiempo de ecumenismo en el hecho de tener a personas no católicas que pertenezcan a una comunidad Cisterciense de laicos. Pero esto, por supuesto, no debe convertirse en una norma. Este ejemplo demuestra que este no es el momento de establecer reglas comunes, es momento de establecer una comunión entre las comunidades y que se respeten las diferencias la una a la otra.

    Con respecto al tamaño del grupo, no creo que eso sea un problema. Por supuesto, no es lo mismo manejar un grupo de sesenta o más que manejar un grupo de diez o doce. Debe haber un momento en el que se formen subgrupos dentro de una comunidad grande, por ejemplo de acuerdo con la situación geográfica; pero, no veo que por ello se tenga que dividir el grupo en dos comunidades independientes y distintas, puesto que parte de su identidad es que ambas tienen relación con la misma comunidad monástica.

    He recalcado lo que realmente me parece un reto para vosotros laicos, que os sentís llamados a vivir el carisma Cisterciense fuera, en el mundo. Tal vez podríamos, por un momento, ver también lo que el Papa ha propuesto como un desafío a las comunidades monásticas Cistercienses.

    Después de algunos párrafos con respecto a nuestro patrimonio Cisterciense, el Papa menciona la hospitalidad, diciendo: "Para muchas personas las preguntas espirituales esenciales pueden ser expresadas y profundizadas gracias a la hospitalidad que reciben en estos monasterios". Por hospitalidad, él entiende aquella que se da a la gente que viene a la hospedería bien para un retiro, bien para encontrar una orientación espiritual. Pero también quiere expresar lo que menciona inmediatamente después de esto acerca de los "miembros asociados" y su compartir temporal en la vida de la comunidad. "Yo también os animo, de acuerdo con vuestras circunstancias, a discernir con prudencia y sentido profético, la participación de los fieles laicos en vuestra familia espiritual, bajo la forma de miembros asociados o bien, dadas las necesidades actuales en algunos ambientes culturales, bajo la forma de una participación temporal en la vida comunitaria y un compromiso en la contemplación, con tal de que la identidad propia de vuestra vida monástica no sufra por ello" (Cita tomada de Vita consecrata,56).

    Así pues, el Papa recuerda a los monjes que, hagan lo que hagan, no deben perder nunca su identidad como monjes que son, pero les invita a abrirse a una mayor hospitalidad. Menciona dos formas características de esa hospitalidad: el compartir en la vida comunitaria (lo que se ha llamado "monasticismo temporal") y los "asociados", remarcando que en ambos casos tiene que llevar implícito un compromiso a la contemplación.

    De esta manera, todos nosotros tenemos nuestros deberes delante de nosotros. Para nosotros, monjes, hay una llamada no sólo para permanecer abiertos a la hospitalidad, sino también para abrirnos nosotros mismos a nuevas formas de hospitalidad, incluyendo el compartir nuestro carisma con miembros asociados; y para vosotros, los miembros asociados, el reto gradual para dar forma a la nueva expresión Cisterciense del carisma Cisterciense que vosotros representáis.

  • Para una mística cisterciense renovada (Dom Bernardo Olivera)
  • Para una mística cisterciense renovada (Dom Bernardo Olivera)


    Quizás ustedes se pregunten qué significa el título de esta conferencia. Espero que poco a poco iremos encontrando la respuesta. No obstante, puedo desde ya anticipar lo siguiente: si la mística cisterciense es una mística cristiana, la raíz de su renovación está en el Misterio de Dios que se concentra en Cristo Jesús.

    La experiencia mística de la vida cristiana ocupa un lugar central en la tradición cisterciense. Esta afirmación es tan evidente que no precisa demostración. Los primeros cistercienses trataron de vivir en la presencia de Dios y en comunión con Él. Esta declaración de intenciones guarda hoy todo su valor. En nuestras constituciones podemos leer: Nuestra Orden es un Instituto monástico íntegramente ordenado a la contemplación (Cst.2).

    Pero podemos preguntarnos: ¿cuáles serán las consecuencias de la presencia actual de Laicos y Laicas Asociados con los monjes y monjas en relación con la dimensión mística de nuestro carisma? Anticipo nuevamente una respuesta: las consecuencias serán de mutuo enriquecimiento en el ahondamiento experiencial del Misterio cristiano.

    Deseo situar mis palabras en un contexto muy determinado: la urgente invitación a contemplar el rostro de Cristo lanzada por Juan Pablo II en su Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (NMI). Esta contemplación es el fundamento absoluto de toda la acción pastoral de la Iglesia en este nuevo milenio. Este programa evangelizador está destinado a todos: clérigos, consagrados y laicos. Seríamos testigos muy pobres e insignificantes si no somos al mismo tiempo contempladores de su Rostro..

    Después de dos mil años de estos acontecimientos [de la pasión y resurrección], la Iglesia los vive como si hubieran sucedido hoy. En el rostro de Cristo ella, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría. "Dulcis Iesu memoria, dans vera cordis gaudia": ¡cuán dulce es el recuerdo de Jesús, fuente de verdadera alegría del corazón! La Iglesia, animada por esta experiencia retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, al inicio del tercer milenio: Él "es el mismo ayer, hoy y siempre" (Heb.13:8) (NMI 28)

    Este misterio de la Iglesia, Esposa de Cristo, se hace verdad y se encarna en aquellos y aquellas que viven la oración como fervor del afecto y arrebato del corazón (NMI 33). Esta experiencia contemplativa es patrimonio del común de los cristianos (NMI 34).

    He aquí el itinerario que seguiremos en esta meditación. En primer lugar, correremos el velo del Apocalipsis para encontrar a Cristo Esposo. En segundo lugar, siguiendo la invitación papal, diré una palabra sobre la gran tradición mística de la Iglesia. Esto nos llevará a hablar de la tradición mística cisterciense. Concluiré presentando un posible enriquecimiento de nuestro carisma místico al servicio de la Iglesia.

    1. Revelación y esponsalidad

    El libro del Apocalipsis nos revela a Cristo Esposo celoso del amor de su Iglesia Esposa. Ya desde el mismo inicio el Resucitado es presentando como Aquel que nos ama o, más literalmente, Aquel que nos está amando (Apo.1:5). Este amor del Señor acompaña toda nuestra vida desde el inicio hasta su ocaso. En los mensajes enviados a las siete iglesias (Apo.2-3) se puede constatar como este amor, solícito y apasionado, sigue de cerca las vicisitudes de cada una de las comunidades. El lenguaje, lleno de delicado afecto y de pasión de amor, revela a un novio enamorado y celoso del amor de su novia. En los mensajes a la primera y a la última o séptima iglesia encontramos palabras sintomáticas.

    Luego de elogiar las virtudes de la Iglesia de Éfeso, siguen estas palabras que reclaman correspondencia, pues el amor sólo con amor se paga:

    Tengo contra ti que has perdido tu amor de antes. Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu amor primero (Apo 2:4-5).

    El Esposo está diciendo: ¡ya no me amas con ese amor de antes! El amor primero, no se refiere sólo a un momento en el tiempo, sino a una excelencia del amor. Se trata del amor inmaculado del momento de la conversión, se trata de un amor similar al amor con que el Señor la ama, es decir, un amor total.

    La situación de la iglesia de Laodicea es más dramática. El Señor la conoce profundamente y le echa en cara su mediocridad.

    Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca (Apo 3:15-16).

    Los cristianos de Laodicea juegan con dos amores, por eso ni aman ni dejan de amar. Ante el amor absoluto del Resucitado este amor de respuesta resulta vomitable. Pero todavía hay posibilidad de conversión. El Resucitado continúa amando, por eso reprende y corrige. Aconseja comprar vestidos blancos tal como conviene a una esposa digna de su Señor y, sobre todo, arrepentimiento y amor ardiente. No todo está perdido: mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Apo.3:20; Cf. Cant.5:1-2).

    A lo largo de la historia de la humanidad se va separando el trigo de la cizaña. Llegará el día en que la oposición a Dios y a su Cristo, representada como una celebre Prostituta se convertirá en nada, ruinas y cenizas (Apo.17-18). Cristo Cordero ha vencido gracias también a las buenas acciones de los santos. Estas obras de justicia son el cumplimiento del doble y único mandamiento del amor. Este amor ha convertido a los seguidores del Cordero en una Esposa vestida de lino deslumbrante de blancura. Por eso es invitada al banquete de bodas del Cordero (Apo 19:1-10).

    En ese banquete estaremos todos juntos, unidos entre nosotros y con Él. La Iglesia-Esposa es también Iglesia-Ciudad, esta doble metamorfosis simboliza la consagración esponsal al Señor y la diáfana convivencia social (Apo 21:9-14).

    Pero el banquete de bodas no ha tenido todavía lugar. Aunque ya somos dichosos por la invitación recibida. Mientras llegue ese día glorioso el Espíritu inspira las palabras proféticas apropiadas para invocar al Señor. Cristo-Esposo escucha siempre el gemido de amor de la novia llena del Espíritu: !Ven, Señor Jesús! Y su respuesta jamás se hace esperar: ¡Si, vengo pronto! (Apo 22:17,20).

    2. Gran tradición mística de la Iglesia

    No podemos hablar de mística sin hacer referencia al misterio. Y esto por dos motivos. El primero es muy sencillo, se ubica a nivel de la gramática: la palabra mística es un adjetivo derivado del substantivo misterio. El segundo motivo es más importante: la mística es la experiencia del misterio. Pero el término mística es hoy día un término polivalente. Y otro tanto podemos decir respecto al misterio. Esto nos invita a hacer alguna otra precisión.

    La mística cristiana es el cumplimiento del Misterio de Cristo en nosotros. Volvemos a repetirlo, el Misterio y la mística no son dos realidades existentes por sí mismas, que pueden existir separadas entre sí. La única realidad existente es el Misterio-mística, es decir: el Misterio que se obra en nosotros. En el cumplimiento del Misterio en nosotros encontramos las dimensiones subjetivas y objetivas de toda experiencia mística cristiana. Esta experiencia tiene dos vertientes: Cristo viviendo en nosotros y nosotros viviendo en Cristo.

    Juan Pablo, en su Carta Apostólica, habla con insistencia de nuestra vocación a la más plena unión con Dios. Veamos tres textos fundamentales a este propósito.

    El Papa comienza hablando de la contemplación como don y gracia divina. La teología espiritual hablaría de contemplación infusa. Es decir, una forma de experiencia mística en el sentido más claro y preciso. Comentando la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, confesión nacida de la fe y que llega a la profundidad del misterio de Cristo, el Papa nos dice:

    A la contemplación plena del rostro del Señor no llegamos sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia (NMI 20).

    Esta gracia mística descansa sobre una base antropológica bien clara. Juan Pablo recurre a la doctrina patrística tradicional de la divinización del ser humano mediante su incorporación a Cristo.

    Jesús es el ’hombre nuevo’ (cf. Ef.4.24; Col.3:10) que llama a participar de su vida divina a la humanidad redimida. El en misterio de la encarnación están las bases para una antropología que es capaz de ir más allá de sus propios límites y contradicciones, moviéndose hacia Dios mismo, más aún, hacia la meta de la ’divinización’, a través de la incorporación a Cristo del hombre redimido, admitido a la intimidad de la vida trinitaria. Sobre esta dimensión salvífica del misterio de la encarnación los Padres han insistido mucho: sólo porque el Hijo de Dios se hizo verdaderamente hombre, el hombre puede, en Él y por medio de Él, llegar a ser realmente hijo de Dios (NMI 23).

    Partiendo de nuestra realidad de creaturas redimidas, contando siempre con la ayuda de la gracia divina, llegamos a las más altas cimas del Misterio de Dios. Aquí tiene lugar la unión transformativa o conformación con Cristo. El Papa nos recuerda la gran tradición eclesial centrada en una amorosa promesa del Señor. Es así como nos invita a abrazar la misteriosa acción divina que nos une esponsalmente con el Señor.

    La gran tradición mística de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, puede enseñar mucho a este respecto. Muestra cómo la oración puede avanzar, como verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer que la persona humana sea poseída totalmente por el divino Amado, sensible al impulso del Espíritu y abandonada filialmente en el corazón del Padre. Entonces se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: ’El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’ (Jn.14:21). Se trata de un camino sostenido enteramente por la gracia, el cual, sin embargo, requiere un intenso compromiso espiritual que encuentra también dolorosas purificaciones (la ’noche oscura’), pero que llega, de tantas formas posibles, al indecible gozo vivido por los místicos como ’unión esponsal’. ¿Cómo no recordar aquí, entre tantos testimonios espléndidos, la doctrina de san Juan de la Cruz y de santa Teresa de Jesús? (NMI 33).

    Es fácil constatar en este texto dos corrientes místicas diferentes aunque complementarias. Una corriente de mística trinitaria y filial, que implica: ser poseído por Cristo, movido por el Espíritu y acogido por el Padre. Y una corriente mística cristológica esponsal, en la que la manifestación de Jesucristo encuentra su cumbre en el matrimonio espiritual. En uno y otro caso se cumple la promesa de Cristo: le amaré y me manifestaré a él.

    3. Tradición mística y ascética cisterciense

    La doctrina de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila se apoya en testigos y precedentes. El siglo de oro de la mística española, pasando por la explosión mística flamenca, alcanza las honduras de la corriente mística medieval y cisterciense.

    En la mística cristiana medieval es posible distinguir dos aspectos de la experiencia. Esto ha llevado a hablar de:

    • Mística de la esencia o de la unión: unión con Dios en su Unidad e integración profunda de la propia alma.
    • Mística del amor o de la relación: unión con el Tú divino en términos de amor esponsal y de alianza.

    En la doctrina de nuestros Padres encontramos ambos aspectos, acentuados diferentemente o unidos entre sí. Guillermo de San Thierry presenta esta doble realidad en la unidad de una única experiencia: Amar es ser y hacerse un solo espíritu con Dios (Contemp 11; cf. Ep fra 257-258, 263).

    En los comentarios cistercienses al Cantar de los Cantares prevalece la dimensión esponsal del encuentro y la unión con el Señor. En esta unión se conjugan el conocimiento y el amor: se conoce en la medida que se ama y se ama en la medida que se conoce. El amor resplandece cuando alcanza su fruto: el amor de fruición es totalmente luminoso, porque la fruición es la misma luz del amante (Guillermo, Cant 76; 60; Cf. 57)

    Así como la mística cisterciense está centrada en el amor, así también lo está la ascesis. El esfuerzo y ejercicio ascético consiste en conformar nuestra voluntad con la de Dios. Cuando hay comunión profunda de voluntades hay conformación, hay unidad, hay desposorio.

    Esta conformación del alma con el Verbo desposa al alma con el Verbo, pues ya que es semejante a él por naturaleza procura también ser semejante a él por el amor, amando como es amada. Y si ama perfectamente, se desposa (...) En realidad, éste es el contrato nupcial santo y espiritual (...) He hablado de contrato, pero en realidad resulta impropio: se trata de un abrazo. Un abrazo estricto, porque el hecho de querer y no querer al unísono hace de los dos un mismo espíritu (...) Son esposo y esposa. ¿Qué otra relación o unión puedes buscar entre los esposos que no sea el mutuo amor? (Bernardo, SC 83:3).

    En síntesis, el matrimonio espiritual es la cumbre y término de nuestro peregrinaje cristiano a través del camino de la ascesis y de la oración. No se trata de "fenómenos místicos" sino de una posibilidad de nuestra naturaleza, creada a imagen y semejanza de Dios, potenciada por la gracia divina. Todo se reduce a un "Sí" incondicional y permanente a Dios y a su querer. En la práctica cotidiana esto se traduce en: no buscar lo propio sino buscar la gloria de Dios y el bien del prójimo.

    Y no se piense que esta íntima comunión esponsal con Cristo es sólo para algunos privilegiados. El Santo Padre invita a esta unión a todos los cristianos. Bernardo de Claraval decía lo mismo siglos atrás con acentos que despiertan y dinamizan nuestro deseo y esperanza.

    Toda alma, aunque esté cargada de pecados, presa en las redes de los vicios, acechada por la seducción, cautiva en el exilio, encarcelada en el cuerpo, pegada al fango, hundida en el barro, retenida en los miembros, atada a las preocupaciones, dispersa por el trabajo, oprimida por los miedos, afligida por el dolor, errante tras el error, inquieta por la angustia, desazonada por las sospechas y extrajera en tierra hostil (...); esa alma, repito, puede volverse sobre sí misma, a pesar de hallarse tan condenada y desesperada, y no sólo se aliviará con la esperanza del perdón y de la misericordia, sino que también podrá aspirar tranquila a las bodas del Verbo. No temerá iniciar una alianza de comunión con Dios, no sentirá pudor alguno para llevar el yugo del amor a una con el Rey de los ángeles. ¿A qué no podrá aspirar con seguridad ante él si se contempla embellecida con su imagen y luminosa con su semejanza? ¿Porqué puede temer a la majestad, si su origen le infunde confianza? Lo único que debe hacer es procurar conservar la nobleza de su condición con la honestidad de vida. Es más, esfuércese por embellecer y hermosear con el digno adorno de sus costumbres y afectos la gloria celestial impresa en ella por sus orígenes (SC 83:1).

    4. Enriqueciendo nuestra tradición

    La tradición mística cisterciense, en su forma monástica, puede ser enriquecida de diferentes formas por una mística secular. Me detengo en una de ellas. Me sirve de inspiración un texto de san Bernardo. Se trata del último "itinerario" espiritual que nos ofrece el Abad de Claraval. Bernardo comenta ese versículo del Cantar que dice: En mi cama busqué al amor de mi alma (Cant.3:1). Y lo hace presentando siete motivos por los que el alma busca al Verbo. El quinto se refiere a la adquisición de la belleza, es decir: la simplicidad del alma, solícita por conservar la integridad de la fama con una conciencia buena. El alma que se viste con esta belleza de pureza, y de esa especie de vestidura blanca de inocencia celestial, reivindica para sí la gloriosa semejanza con el Verbo (SC 85:11).

    A partir de este grado, el alma que lo ha alcanzado, empieza ya a pensar en las bodas. ¿Por qué no se va a atrever, viéndose tanto más núbil cuanto más semejante a Él? Y no la asusta la excelsitud , porque la asocia la semejanza, el amor la concilia y la profesión de ese amor la desposa. Esta es la fórmula de esa profesión: ’Lo juro y lo cumpliré, guardaré los juicios de tu justicia’ (Sal.118:106). Es la que decían los apóstoles que lo seguían: ’Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’ (Mt.19:27). Es algo semejante a lo que se dijo a propósito del matrimonio carnal, en cuanto signo del matrimonio de Cristo y de la Iglesia: ’Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne’ (Ef.5:31), y en el Profeta significa la glorificación de la desposada: ’para mi lo bueno es estar unida a Dios, poner en Dios toda mi esperanza’ (Sal.72:28) (SC 85:12).

    Lo que nos dice Bernardo puede pasar desapercibido, pero es de suma importancia. El Abad de Claraval nos dice que, tanto la profesión religiosa cuanto la unión matrimonial, pueden ayudar a comprender las características de la unión esponsal entre el alma y el Verbo. La profesión religiosa, en cuanto juramento de dejarlo todo para seguir a Jesús. El matrimonio, en cuanto signo de las nupcias entre Cristo y la Iglesia. Una y otra vocación, cada una a su modo, realizan la unión esponsal con Cristo Esposo. Cambian las mediaciones y la modalidades, pero el objetivo final es el mismo.

    Cuando un monje, una monja, un hombre casado o una mujer casada pueden llegar a decir: Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir, podemos tener la certeza de que ya es esposa y que ya ha sido fecundada por el Verbo (SC 85:12).

    Solemos pensar que la persona casada tiene el "corazón dividido" (Cf. I Cor.7:34). En consecuencia no puede acoger ni entregarse al Señor en forma total. Este error es grave. Pablo no está estableciendo un principio sino que hace una constatación. ¡Cualquiera de nosotros puede también constatar que hay célibes y vírgenes con corazones divididos! Lo único que divide le corazón—hasta llegar a matarlo—es el pecado, el cual es siempre falta de amor.

    También acostumbramos a pensar que el monje y la monja se relacionan directamente con Dios, mientras que el laico y la laica casados se relacionan con Él mediante el matrimonio y la familia. Parecemos olvidar que los monjas y monjas tenemos votos de obediencia a un superior y de estabilidad en una comunidad. No en vano san Benito concluye su Regla expresando un deseo: ¡Que Cristo nos lleve a todos juntos a la vida eterna! (RB 72:12). Sólo la fe, la esperanza, la caridad y el Don del Espíritu nos unen inmediatamente con Dios, y estos son dones o virtudes propios de todo bautizado. Hasta la misma soledad, monástica o laical, puede estar poblada, para bien o para mal; para bien cuando nos permite ser existencialmente solidarios con todos, para mal cuando nuestra inmadurez afectiva nos centra en nuestro propio ombligo.

    La vida monástica cisterciense, en cuanto forma y sistema de vida, ha de crear el mejor ámbito para facilitar un tipo de experiencia cristiana. La vida matrimonial y familiar de un laico o laica cisterciense ha también de crear el ámbito más apropiado para otro tipo de experiencia cristiana. Cada uno tiene un carisma regalado por el Espíritu de Dios, y todos comulgamos en el carisma común de la gracia cisterciense. ¿En qué consiste fundamentalmente esta gracia carismática? Desde la óptica mística en la que me he situado puedo decir que el carisma cisterciense consiste en:

    • Ordenar nuestra escala de valores en forma tal que los valores religiosos ocupen el lugar más alto y rector. Más explícitamente, toda la vida se ha de regir y orientar hacia la búsqueda y encuentro con Dios en el rostro de Cristo.
    • Adherirse a Cristo Esposo de la Iglesia y de cada cristiano. Él nos enseña, en la encarnación, la pascua y la eucaristía la naturaleza íntima de la esponsalidad: amor gratuito, total, permanente y fecundo que invita a la reciprocidad.
    • Dar prioridad práctica a la oración entendida como acogida y donación gratuitas, vivida como fe enamorada que anticipa la visita del Esposo esperado. Y esto es válido para todas las formas de oración: litúrgica y devocional, secreta, matrimonial, familiar y comunitaria....
    • Esforzarse y ejercitarse en la disciplina del amor, entendido como voluntad común con Dios y con el prójimo. Amor fundado en la verdad, verdad que nos abre al autoconocimiento y a la misericordia ante la miseria propia y ajena.

    Concluyo con una palabra destinada principalmente para los Laicos/as Asociados, mejor decir: destinada a nuestros co-hermanos y co-hermanas laicos/as cistercienses. En especial para aquellos que están unidos mediante el sacramento del matrimonio. Cristo se encuentra en vuestra misma experiencia conyugal. Vuestra "divinización", en cuanto conyugues, se actúa cuando el amor conyugal es asumido por el amor divino y cuando se da una fusión de lo humano y de lo divino (Gaudium et spes 48, 49; Cf. Juan Pablo II, Catequesis del 4-VII-84). En este contexto, resultan muy elocuentes los buenos deseos expresados por Bernardo de Claraval en una carta al Duque y a la Duquesa de Lorena: deléitense mutuamente en los castos abrazos del amor, de modo que sólo los supere en ambos el amor de Cristo (Ep 119).

    La conyugalidad es una forma de vivir la esponsalidad. La virginidad y el celibato consagrado es otra. El diálogo entre ellas está llamado a enriquecer nuestra experiencia mística y cisterciense del Misterio esponsal de Dios.

    Dom Bernardo Olivera
    Roma, 7 de Enero del 2002
    II Encuentro Internacional de Laicos Cistercienses, Conyers, 25-IV-02


  • Reflexiones provocativas sobre Asociaciones Carismáticas (1 de enero de 1995)
  • Reflexiones provocativas sobre Asociaciones Carismáticas (1 de enero de 1995)


    En varios lugares donde se encuentra hoy día nuestra Orden, vemos surgir personas o grupos que desean compartir de una u otra forma nuestro carisma. En algunos lugares, se puede constatar este hecho por la presencia de lugares (salas, casas) puestos a disposición de grupos (a menudo de jóvenes). Se encuentran también grupos de bienhechores que se organizan para asistir una u otra comunidad. No faltan, finalmente, peticiones de asociaciones en vista a ciertas formas de oblatado.

    Estos hechos, relativamente nuevos para nuestra Orden, se corresponden con el surgimiento de los laicos en la vida de la Iglesia. En muchos países, por lo demás, los Movimientos laicales han modificado la concepción y visión de la misma Iglesia. El reciente Código de Derecho Canónico "canonizó" el deseo de los laicos de compartir vida y espiritualidad con los institutos religiosos. Según el c. 303 todo instituto puede establecer algún tipo de asociación con laicos seculares.

    Cómo hemos de interpretar estos hechos? Qué nos está queriendo decir el Señor con este signo de los tiempos que parece ciertamente ser un signo de Dios?

    Estas preguntas no pueden ser ajenas al servicio del Abad general. No en vano se dice de él en las Constituciones: el Abad general "es el guardián solícito y promotor eficaz del patrimonio de la Orden" (Cst.82.1).

    1. Comunión de Carismas

    La eclesiología de Comunión ofrece el fundamento para una correcta relación entre unidad y pluralidad en la Iglesia. En la Iglesia-Comunión los estados de vida existen coligados entre sí, de manera que se ordenan recíprocamente. Si bien su sentido profundo es único y común, cada uno tiene su fisonomía original e inconfundible y al mismo tiempo existen en relación de servicio.

    La unidad-plural de la Iglesia no se agota en los diferentes estados de vida, sino que se revela más rica y variada por la pluriformidad de carismas y la comunión entre ellos. Cualquier vocación o forma de vida cristiana genuina es una vida en el Espíritu y, por lo mismo, una vida carismática.

    Al recibir el Espíritu Santo todos hemos recibido el "carisma superior" de la caridad (I Cor.13:1). Además, cada uno en el Cuerpo de Cristo desempeña un servicio o función, y es el Espíritu quien lo ha habilitado para eso. Por eso todo cristiano es un carismático:

    "Cada cual tiene de Dios su gracia particular, unos de una manera, otros de otra" (I Cor.7:7).
    "A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común" (I Cor.12:7).
    "Cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido" (Ef.4:7).
    "Cada cual ponga al servicio de los demás el carisma que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios" (I Ped.4:10).
    En consecuencia, la Escritura nos enseña a considerar nuestras capacidades, habilidades y profesiones en toda su hondura: como dones recibidos que se han de ejercer para la construcción de la comunidad (Cf. Ef.4:12).

    El Concilio Vaticano II, retomando esta doctrina del apóstol Pablo, nos dice además: "Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y, además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno" (Lumen Gentium, 12; Cf. Ad Gentes, 28; Apostolicam Actuositatem, 3).

    Juan Pablo II, en la Exhortación post-sinodal Christifideles laici, retoma y amplia esta enseñanza conciliar: "El Espíritu Santo, al mismo tiempo que confía a la Iglesia-Comunión los diversos ministerios, la enriquece con otros particulares dones e impulsos, llamados carismas. Estos pueden asumir las formas más diversas, sea como expresión de la libertad absoluta del Espíritu que los dona, sea como respuesta a las múltiples exigencias de la historia de la Iglesia (...) Extraordinarios o simples y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, pues están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo. Tampoco en nuestros tiempos falta el florecer de carismas diversos entre los fieles laicos, varones y mujeres. Son dados a la persona individual, pero también pueden ser compartidos con otros y así se continúan en el tiempo como una herencia viva y preciosa, que genera una afinidad espiritual entre las personas" (24).

    Cuando fuimos bautizados-confirmados fuimos consagrados por el Espíritu Santo, para ser misión en la Iglesia mediante los carismas que el mismo Espíritu nos concedió. Esta capacitación carismática para la misión conoce diferentes tipos:

    Don carismático personal e intransferible: caso de dones individuales como el de los fundadores.
    Don carismático dual: caso de dones compartidos en la conyugalidad matrimonial.
    Don carismático colectivo: caso de los institutos de vida consagrada, de los movimientos eclesiales y de otros tipos de asociaciones cristianas.
    El carisma colectivo o coparticipado implica un modo específico de ser, una específica misión y espiritualidad, estilo de vida y estructura al servicio de la comunión y misión eclesial.

    La participación en un carisma colectivo facilita la formación de los miembros de un determinado grupo, produce una mayor cohesión del mismo, plasma una identidad más firme, da sentido de pertenencia a una familia espiritual, es fuente de creatividad e impulso para responder con presteza a los signos de los tiempos.

    Los carismas colectivos, dones del Espíritu, son un impulso dinámico que se desarrolla continuamente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en constante crecimiento; son confiados a grupos humanos para ser vivificados e interpretados, para hacerlos fecundos y testimoniarlos al servicio de la comunión eclesial en los diferentes contextos que ofrecen las culturas.

    Algunos de estos carismas colectivos son compartidos, por don del Espíritu, por personas pertenecientes a diferentes estados de vida, de aquí que sean traducidos en formas de vida secular, sacerdotal y religiosa.

    Todo instituto de vida consagrada, asociación sacerdotal, agrupación misionera, movimientos de iglesia... tienen a su base un carisma colectivo como experiencia del Padre, por don gratuito del Espíritu, para edificar y servir al Cuerpo de Cristo (Cf. Pablo VI, Evangelica testificatio, 11-12; SCRIS, Mutuae relationes, 11). Las señales que caracterizan un carisma colectivo genuino son las siguientes:

    - Aporte de real novedad a la vida espiritual de la Iglesia.
    - Peculiar efectividad, que puede incluso resultar conflictiva.
    - Verificación constante de la fidelidad al Señor y de la docilidad al Espíritu.
    - Prudente atención de los signos de los tiempos y circunstancias diversas.
    - Voluntad de inserción en la Iglesia.
    - Conciencia de la propia subordinación a la Jerarquía.
    - Audacia en las iniciativas, constancia en la entrega y humildad en las pruebas y contratiempos.
    - No hay carisma genuino y novedad sin sufrimiento interior y cruz. (Cf. SCRIS, Mutuae relationes, 12).
    Este carisma colectivo, en cuanto carisma fundante o carisma de los fundadores, está llamado a "ser vivido, custodiado, profundizado y desarrollado constantemente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne" (Idem, 11).

    Los carismas colectivos pueden, además de ser compartidos, ser vividos y considerados como carismas abiertos a nuevas formas de presencia y configuraciones a lo largo de la historia.

    Es de advertir, finalmente, que no es el fundador quien comunica el carisma a quienes se le asocian. Solamente el Espíritu Santo es el autor de los carismas en el cuerpo eclesial y sólo El es quien los comunica. El grupo en torno al fundador nace pues cuando un cierto número de personas toma conciencia de su propia gracia vocacional encontrándose con el fundador y se unen a él para realizar su vocación propia. Si se quiere se puede decir que el fundador media el carisma por medio de la sintonía espiritual entre él y otros.

    Todos los carismas, por muchos y variados que sean, se unifican en la única misión. Los diferentes carismas encuentran su identidad en la mutua relación dentro de la comunión y misión.

    2. El Carisma Cisterciense

    El carisma cisterciense "proviene de la tradición monástica de vida evangélica expresada en la Regla de monasterios de san Benito de Nursia" (Cst.1). Los Fundadores del Císter dieron a esta tradición una "forma particular", forma defendida vivamente por los monasterios de la Estrecha Observancia (Cst.1).

    Nuestras Constituciones, sobre todo en su primera parte acerca del Patrimonio, son una buena presentación de nuestro carisma. No obstante, hay que reconocer que ellas no agotan la vivencia y manifestación del mismo. Para tener una concepción más integral habría también que consultar y tener en cuenta a los otros miembros de la Familia cisterciense.

    3. Carisma Colectivo, Compartido y Abierto?

    Por todo lo dicho anteriormente (1a parte) podemos decir que el carisma cisterciense es un carisma colectivo. Pero, podemos también considerarlo un carisma compartido y abierto? Qué nos enseña nuestra historia a este respecto? Puede nuestro carisma ser compartido por laicos en el mundo? Puede nuestro carisma abrirse a formas seculares, es decir, no monásticas en el sentido jurídico del término?

    A. Carisma abierto

    Los 900 años transcurridos desde la fundación del Císter nos permiten decir que el carisma cisterciense es un carisma abierto? Es decir: el carisma cisterciense ha conocido diferentes configuraciones a lo largo de la historia?

    Las monjas

    Los fundadores del Císter no deseaban una rama femenina. Consideraban que la forma de vida que deseaban vivir no era apta para las mujeres. Pero la aparición de grupos femeninos de monjas y la demanda insistente en una incorporación, asociación o reconocimiento, llevó a la Orden naciente a abrirse a esta posibilidad. Aparece así el rostro femenino del carisma cisterciense, rostro que en algunos casos, como el de las monjas cistercienses de Montreuil, tenía poco de femenino. Hermann de Tournai nos cuenta, con cierto asombro, de estas monjas:

    "Tienden con todas las fuerzas hacia ese reino de Dios, impacientes por vencer no solamente el siglo, sino también el sexo. Abrazaron violenta, libre y espontáneamente la de Orden del Císter, que muchos hombres jóvenes y robustos no se atreven a abrazar. Renunciando a los vestidos de lino y a las pellizas, se ganan la vida trabajando asiduamente con sus manos, en silencio; y no solamente hilando o tejiendo --trabajos propios de mujeres--, sino también cultivando los campos, talando bosques con el hacha y la hoz, arrancando las zarzas y maleza, imitando en todo la vida de los monjes de Clairvaux, mostrando en sí mismas la veracidad de esta palabra del Señor: todo es posible al que cree" (De miraculis S. Mariae Laudunensis, PL 156,1001-1002).
    Los conversos

    Nadie pone en duda que los hermanos conversos han compartido desde siempre el carisma cisterciense. Sin embargo, los conversos no eran monjes y, con frecuencia, no vivían en el recinto del monasterio. No hay duda que la presencia de los conversos significó un enriquecimiento de nuestro carisma y de ningún modo un empobrecimiento del mismo. Con los Conversos aparece muy pronto en nuestra historia una nueva configuración de nuestro carisma. Y otro tanto se podría decir de los "familiares" que desde siempre han existido en nuestros monasterios.

    El texto del Exordium parvum sobre los conversos es bien conocido de todos: "El acuerdo fue que deberían admitir, con permiso de su obispo, conversos laicos que, conservando la barba, serían tratados en vida y en muerte igual que ellos, excepto el monacato (15,10). Y en uno de los estatutos de los primeros capítulos generales leemos:

    "Los trabajos de las granjas deben realizarlos los conversos y los jornaleros. A los conversos, con licencia de los obispos, en calidad de familiares y coadjutores nuestros, los recibimos bajo nuestra solicitud del mismo modo que a los monjes, y los consideramos como hermanos y partícipes de nuestros bienes, así de los espirituales como de los temporales, igual que a los monjes" (Colección llamada de 1134; Canivez 1,14; Cf. Capitula 20 al final de la Summa cartae caritatis).
    Las Ordenes militares

    Con la aparición de las Ordenes militares aparece, en cierta forma, otro rostro cisterciense. El "espíritu" que animaba a los Caballeros del Temple no era ajeno al carisma del Císter: si Císter había sido el "Nuevo monasterio", los Templarios eran ahora, en palabras de san Bernardo, "la Nueva milicia", es decir: una nueva forma de monaquismo y una nueva forma de caballería.

    Y mucho más aún podemos decir de la Orden de Calatrava. En 1164, el Abad Gilberto de Císter y los coabades reunidos en Capítulo general, en respuesta a Don García, Maestre de Calatrava, escriben:

    "Y en cuanto a aquello que habéis humildemente pedido, a saber: tener parte en la comunión de beneficios de nuestra Orden; consentimos gustosamente, y no sólo como a familiares sino como a verdaderos hermanos."
    El Capítulo de 1164 dejaba luego en manos del Abad de Scala Dei, con el consejo de sus filiaciones en España, determinar la "vivendi forma" que se había de observar en Calatrava (Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava, Madrid, A. Marín, 1761, pp.3-4). Pero recién en 1187 Calatrava será plenamente incorporada al Císter como filiación de Morimundo.

    En la práctica, los caballeros de Calatrava no fueron nunca monjes cistercienses en sentido estricto. Se puede decir que constituyeron una tercera clase de personas, junto a los monjes y los conversos. Es de notar que el Papa Eugenio IV, en 1440, substituyó el voto de castidad por el voto de castidad conyugal en casos particulares.

    La Familia cisterciense

    Existen en la actualidad tres grandes ramas en el árbol cisterciense. Usando otra imagen podemos hablar de la Familia cisterciense compuesta por: la Orden Cisterciense (OC), la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (OCSO) y la Congregación autónoma de san Bernardo asociada a la OCSO. Y a estos tres grupos podríamos también agregar la Orden de Monjas Bernardinas de Esquermes y las Bernardinas de Oudenaarde. Podemos poner en duda la identidad cisterciense de algunas de estas comunidades por el hecho de dedicarse a la enseñanza o a otras formas de apostolado compatibles con la vida monástica?

    En conclusión, nuestra secular historia nos muestra que el carisma cisterciense se abrió a lo largo del tiempo a diferentes configuraciones. Nuestro carisma ha sido, pues, un carisma abierto y, en un cierto sentido, un carisma compartido. También es verdad que la diversas configuraciones que ha conocido nuestro carisma fueron y son configuraciones monásticas, excepto el caso de las Ordenes militares y los Conversos desde el punto de vista canónico.
    B. Carisma compartido

    Es posible de concebir el carisma cisterciense como un carisma compartido con seglares en el mundo a fin de dar lugar a una forma cisterciense secular?

    Digamos ante todo que nuestro carisma, como todo carisma, es un don del Espíritu para edificar la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Nadie posee el carisma cisterciense como una propiedad privada. Nuestro carisma pertenece fundamentalmente a la Iglesia y El Espíritu puede compartirlo con quien desee y en la forma y medida que El lo desee.

    Los Cistercienses hemos dado una forma monástica e histórica a este don peculiar del Espíritu. Esta forma monástica es parte integrante del carisma fundacional original. No obstante, esto no impidió, como ya hemos visto, que el carisma fuera compartido con los conversos, los familiares y con caballeros de las Ordenes militares.

    Ahora bien, el hecho de que los seglares hoy día se sientan atraídos e identificados con el carisma cisterciense puede ser entendido como un signo de que el Espíritu desea compartirlo asimismo con ellos a fin de que dicho carisma reciba también una forma secular en el hoy de nuestra historia?

    Si la respuesta a la pregunta precedente es afirmativa, surgen otra serie de interrogantes: Hay lugar para un mutuo reconocimiento y complementariedad? Se puede hablar de mutua asociación carismática? Es verdad que la identidad sólo existe en la relación? Qué tenemos de valioso para compartir? Cuáles son los principales peligros que entraña todo esto?

    4. Intento de Respuestas

    No me corresponde a mi sólo responder las cuestiones arriba suscitadas. La respuesta ha de ser hallada en una búsqueda común, bajo la luz del Espíritu, y en un clima de discernimiento de lo que el Señor de la Historia dice hoy a su Iglesia.

    No obstante, con el objeto de estimular la búsqueda, abierto a opiniones diferentes y hasta contrapuestas, me permito anticipar aquí algunos elementos de respuesta.

    A. ¿Carisma compartido con seglares?

    La naturaleza monástica de nuestra Orden (Cst.2) no impide que muchos elementos de su espiritualidad (Cst.3) puedan ser compartidos con laicos en el mundo. De hecho, la Regla de san Benito ha sido vivida desde siglos por oblatos externos al mismo monasterio. Por lo demás, varios monasterios de la Orden Cisterciense pertenecientes a diferentes Congregaciones cuentan con oblatos laicos que viven en el mundo.

    La separación del mundo (Cst.29), característica tan propia de nuestra vida monástica, no nos ha de hacer olvidar que, como miembros de la Iglesia, nuestra vida tiene "una auténtica dimensión secular" que hunde su raíz en el misterio del Verbo encarnado. Ciertamente, todos los miembros de la Iglesia somos partícipes de la dimensión secular de la misma, pero lo somos en forma diversa. La "índole secular" de los fieles laicos es diferente y complementaria de la dimensión secular de los monjes y monjas (Christifideles laici 15).

    Nuestro celo monástico por la "extensión del Reino de Dios y la salvación de todos los hombres" (Cst.31) abarca también "la restauración de todo el orden temporal" (Cf. Christifideles laici 15). Nuestra "secreta fecundidad apostólica" (Cst.3.4) encuentra profunda consonancia y complementación con la vocación de los fieles laicos, "llamados por Dios para contribuir desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas" (Christifideles laici 15).

    Nuestra misión de anunciar el Evangelio con nuestra presencia contemplativa (Cst.68.1) no es exclusiva ni excluyente, por el contrario, admite la complementariedad de la presencia contemplativa de laicos inmersos en el seno del mundo. La misión propia a nuestro carisma no se agota con nuestra forma de vivirla y manifestarla. La implicación de laicos seculares en nuestro carisma y misión hará más evidente la actualidad y utilidad de los mismos.

    El misterio de la Iglesia-Comunión implica, en la práctica, un intercambio de dones al servicio de la nueva evangelización.

    En consecuencia, respondiendo a la primera pregunta, considero que el hecho de que los seglares hoy día se sientan atraídos e identificados con el carisma cisterciense, puede ser entendido como un signo de que el Espíritu desea compartirlo asimismo con ellos, a fin de que dicho carisma reciba también una forma secular en el hoy de nuestra historia.

    B. ¿Mutuo reconocimiento?

    En la historia pasada, los laicos asociados en diferentes formas a institutos religiosos mantenían una cierta relación de dependencia respecto a ellos. Esta realidad ha cambiado en los últimos tiempos. En numerosos casos, la petición de laicos seglares para participar del carisma de un instituto proviene del hecho de que ellos también se sienten depositarios de dicho carisma. Pareciera que se vuelve a repetir, en otro orden, la experiencia de Pedro en casa de Cornelio: "¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros? Si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, ¿cómo podría yo oponerme a Dios?" (Hech.10:47; 11:17).

    Algo parecido está sucediendo también entre nosotros. En este caso, cuando la Orden es reconocida como depositaria histórica del carisma cisterciense e interpelada a este propósito, nos corresponde a nosotros hacer un discernimiento sobre la afinidad y autenticidad del carisma recibido por nuestros interlocutores laicos.

    Todo esto implica asimismo una apertura de nuestra parte a fin de dejarnos discernir sobre la coherencia de nuestras vidas en relación a nuestras Constituciones, como así también sobre nuestra respuesta a los desafíos contemporáneos y signos de los tiempos.

    En el doble sentido recién indicado, me parece que podemos hablar de un mutuo reconocimiento carismático: siendo reconocidos, reconocemos para ser nuevamente reconocidos.

    C. ¿Asociación carismática?

    Ya a partir del siglo VII el monacato conoció en torno a sí un cierto estilo de vida laical que dio lugar a la "familia monástica" en sentido amplio. Otro tanto se puede decir de los Canónigos regulares y de los Mendicantes. Sabemos que en torno a los Mendicantes nacieron segundas órdenes (i.e.: vida consagrada femenina), la institución de los penitentes y las terceras órdenes de tipo laical.

    Más recientemente, han aparecido diversos tipos de grupos que se alimentan del espíritu y participan de la misión de las Congregaciones religiosas y Sociedades de vida apostólica. Estos grupos han recibido una gran variedad de nombres: colaboradores, asociados, afiliados, cofratres....

    Hoy día, en el ámbito del resurgir del laicado y de los nuevos movimientos laicales, se vuelve a dar el fenómeno de laicos que, individualmente o asociados, buscan un tipo de vinculación con institutos de vida consagrada. En este caso, me parece correcto y aceptable denominar "asociación carismática" a este fenómeno. La eclesiología de comunión orgánica, en la que todas las vocaciones y carismas tienen un mismo origen y un mismo fin, es el marco de referencia adecuado que justifica esta denominación.

    Quizás, dentro de algunos años, hablar de asociación carismática resultará obsoleto. El Espíritu sopla como y donde quiere, pero su obra es siempre obra de comunión. Conoceremos el día en que hablaremos de "comunión carismática" para referirnos a la comunión entre monjes/as y laicos/as seculares en un mismo carisma?

    D. ¿Identidad en la relación?

    A la luz de todo lo precedente es claro que hoy día no es válido ni apropiado definir la propia identidad carismática desde una perspectiva estática y cerrada. La identidad en las diferentes formas de vida en el Pueblo de Dios emerge en el proceso dialéctico de la existencia eclesial. La distinción de cada carisma se da en el contexto de convergencia-divergencia, comunión-separación.

    Por consiguiente, no vacilo en afirmar: nuestra identidad cisterciense es una realidad que nos permite autoidentificarnos por lo que nos diferencia relacionándonos y no yuxtaponiéndonos y excluyendo.

    Una identidad claramente definida impedirá que los monjes jueguen a seglares y éstos últimos a monjes, respetará las respectivas vocaciones y los estilos de vida propios de cada uno.

    E. ¿Qué compartir??

    La pregunta es válida. A grandes rasgos me parece que un inicio de respuesta no ha de olvidar lo siguiente:

    - Seguimiento de Jesús: aspectos del misterio de Jesús el Cristo que, según nuestro carisma, se ofrecen como fundamento y modelo a seguir.

    - Inserción eclesial: una determinada forma de vivir y sentirse Iglesia y de estar al servicio de las iglesias locales.

    - Espiritualidad y misión concretas: que permiten, al ser compartidas, formar una única familia.

    A fin de lograr este triple y básico objetivo hemos de ayudar a los laicos atraídos por nuestro carisma a hacer una relectura secular del mismo. Una primera confrontación con nuestras Constituciones puede servir a este propósito.
    Más en particular, los Maestros espirituales del Císter enseñan a todos a encontrar en la Regla de san Benito consejos y directivas para la vida espiritual. En este sentido, la Regla benedictina ofrece una rica doctrina sobre la humildad, la obediencia, el silencio el temor y amor de Dios. Pero también nuestros Padres desarrollan muchos aspectos de la vida en el Espíritu que apenas se encuentran en san Benito, como ser: la doctrina de la imagen y semejanza, la necesidad del autoconocimiento para acceder al conocimiento de Dios, el itinerario del alma a Dios, la doctrina sobre el amor a los hermanos y a Dios, la experiencia mística....

    Bernardo de Claraval escribe "ad propositum aedificandi" (SC 27:1). Ahora bien, podemos preguntarnos: edificar qué y a quiénes? La respuesta me parece ser esta: edificar la vida cristiana y cisterciense, en el claustro y fuera de él.

    En consecuencia, hay mucho para ofrecer y compartir. Y también para recibir: la experiencia de nuestro carisma hecha por laicos seculares está llamada a enriquecer la experiencia monástica del mismo. Además, como bien dice Christifideles laici:

    "A su vez, los mismos fieles laicos pueden y deben ayudar a los sacerdotes y religiosos en su camino espiritual y pastoral" (61).
    F. ¿Peligros?

    Ante un peligro no hay más que una doble posibilidad: huir o enfrentar. Lo primero ya es una derrota, lo segundo puede ser oportunidad de victoria. No ignoro que el éxito de las asociaciones carismáticas es un don difícil de conquistar. Me parece que los tres principales problemas a resolver son:

    - En el orden del vínculo: cómo establecer y organizar una adecuada vinculación y paridad.

    - En el orden de las identidades: cómo salvaguardar las imprescindibles diferencias y autonomías.

    - En el orden de la formación: cómo establecer programas formativos sin caer en una actividad apostólica ajena a nuestra vida.
    En efecto, no es fácil establecer vínculos que unan sin confundir, por el contrario, que unan distinguiendo, tal como lo hace el verdadero amor. Tampoco es fácil formar eficazmente sin programar seriamente.

    No obstante los riesgos, juzgo importante estar abiertos a la posible creación de asociaciones carismáticas con laicos seculares o consagrados a título individual o grupal. Se trata, en definitiva de discernirlo todo y quedarnos con lo bueno.

    Y a fin de poder discernir necesitamos criterios. Por lo que respecta a la comunidad monástica local, sugiero los siguientes:

    - Identidad monástica clara, asimilada y vivida, junto con una cierta capacidad de comunicación de la misma.

    - Intensidad de vida en el Espíritu capaz de estimular y animar a los seglares a vivir el carisma cisterciense sin desvirtuar su propia índole secular.

    - Capacidad de orientar y ayudar a descubrir nuevas formas de actualizar el carisma cisterciense en el seno de la sociedad.
    Bernardo Olivera
    1 de enero de 1995


Documentos del Comité de Coordinación

  • Meeting Minutes (April 2009) (15 abril 2009)
  • Meeting Minutes (April 2009)


    See English language page

  • Contribución financiera (17 octubre 2008)
  • Contribución financiera


    De nuevo reunidos en Asís y reflexionando sobre el futuro de las comunidades laicas cistercienses y del comité internacional, hemos tenido que afrontar la necesidad de recibir de vosotros la ayuda económica necesaria para proseguir con nuestro trabajo.

    Haciendo referencia al documento "Los lazos de Caridad que nos Unen", que fue aprobado por unanimidad en el  Encuentro de Huerta 08, recordamos que "para permitir un funcionamiento apropiado a la Asociación, es conveniente una contribución económica por parte de los miembros representados en dicha Asociación. El Comité será responsable de la gestión contable de los fondos de la Asociación. En cada reunión internacional, el Comité presentará el correspondiente estado de cuentas". Por eso, hemos creído necesario llegar a una decisión para que esto pueda ser una realidad.

    Los asuntos económicos siempre son un tema áspero, y más aun cuando el motivo de nuestra unión es espiritual, pero recordando las palabras de San Pablo: "El que no trabaje que no coma "(1Ts 3, 10) hemos llegado a la conclusión de que una forma muy justa de afrontar este problema es que cada uno de los laicos cistercienses contribuyamos con el valor económico de una hora de nuestro trabajo por año.  

    Esta cantidad debe ser entregada al tesorero de su propia comunidad y remitida a la C/C del Comité  Internacional una vez al año.  Os recordamos que todas las Comunidades Laicas Cistercienses registradas en nuestra Web son consideradas miembros de la Asociación.

    Con esta pequeña y equitativa  aportación, en la que todos participaremos de una forma proporcional,  nos dará la posibilidad de seguir con nuestro trabajo y de ayudar en los gastos del próximo Encuentro Internacional.
     
    Esperamos vuestra primera aportación antes del final de 2008.  Durante los próximos tres años la cuenta corriente de la Asociación estará en los Estados Unidos bajo la responsabilidad de Dennis, quien cada año rendirá cuentas de los ingresos y los gastos por medio de un  informe en la Web.

    Agradeciendo por adelantado vuestra comprensión y generosidad, un fuerte abrazo cisterciense,

    Dennis, Marie Christine, Tina.

  • Acta de reunión (13 al 19 de Septiembre 2008) (19 septiembre 2008)
  • Acta de reunión (13 al 19 de Septiembre 2008)


    Asociación Internacional de Las Comunidades Laicas Cistercenses
    Asís, Italia, 13 al 19 de Septiembre del 2008-09-30

    • Preparación de la presentación de los documentos ""Declaración de Identidad"" y ""Votum"" al Capitulo General, Estos documentos fueron creados por los delegados que participaron en el Encuentro de Huerta en Junio 2008. Estos fueron presentados a el Jueves 18 de Septiembre de 2008 y , después de haber sido trabajados por cuatro de las quince Comisiones que forman el Capitulo General y de un breve intercambio de opiniones en la Asamblea Plenaria, se propusieron los siguientes votos que fueron aprobados por amplia mayoría:
      • Reconocemos la existencia de la expresión laica de nuestro Carisma Cisterciense en la experiencia vivida por las personas laicas asociadas a un buen número de los monasterios de nuestra Orden.
      • Queremos que el documento ""Declaración de Identidad de los Laicos Cistercienses"" sea estudiado por las Regiones con el fin de ver que podemos asumir como Orden.
    • Revisada y aprobada la propuesta celebrar el próximo Encuentro de la Asociación en Iowa (USA). También fue aprobado como tema principal del mismo ""Formación para los Laicos Cistercienses y de las Comunidades Laicas Cistercienses"". Revisado y traducido a los tres idiomas un cuestionario preliminar sobre las necesidades de las comunidades sobre el tema de la formación.
    • Revisado y actualizado el documento ""Estructura y Misión del Comité del Coordinación de la Asociación Internacional de las Comunidades Laicas Cistercienses. (Este documento ya se halla publicado en nuestra Web)
    • Fue tratada la necesidad de preparar un documento sobre las bases y fundamentos de la Asociación Internacional para ser revisado y aceptado en el Encuentro 2011
    • Fueron revisadas y tratadas las necesidades económicas de la Asociación. Se aprueba cambiar la cuenta bancaria a un banco de los Estados Unidos. Se prepara una carta para todos los Laicos Cistercienses proponiendo una justa y equitativa forma de financiar la Asociación.
    • Fueron tratadas y revisadas las reuniones pasadas y futuras con otras ramas de la Familia Cistercienses tales como la Congregación de San Bernardo y las Bernardinas de Esquermes.
    • Fueron tratadas y propuestas formas de apoyar a las Comunidades Laicas Cistercienses de cada zona lingüística.
    • Fue revisado el trabajo realizado en los tres pasados años con la mirada puesta en los tres años próximos.

  • Estructura y Misión (15 septiembre 2008)
  • Estructura y Misión


    ESTRUCTURA

  • CAPITULO GENERAL DE LAS BERNARDINAS DE ESQUERMES (11 septiembre 2008)
  • CAPITULO GENERAL DE LAS BERNARDINAS DE ESQUERMES


    Al final del año 2007 enviamos invitaciones oficiales para el IV Encuentro Internacional de Laicos Cistercienses. Las Bernardinas de Esquermes aceptaron y Madre Josephine -Mary, Priora General, se comprometió a participar en el Encuentro de Huerta. Recibí, como representante francófona del Comité Internacional, una invitación de la casa general de las Bernardinas de Esquermes para ir a hablar del Encuentro de Huerta a Nuestra Sra. De la Plaine, cerca de Lille, con ocasión del Capítulo General de las Bernardinas.

    Acepté en nombre del Comité Internacional, comprometiéndome en nombre del miembro francófono del Comité que resultara elegido en Huerta. Como fui elegida yo misma, hice honor a este compromiso.

    Este intercambio da testimonio del vivo interés de las Bernardinas por el movimiento laico cisterciense. Un grupo de laicos camina adherido a Nuestra Sra. De la Plaine, el grupo de Flandres.

    Hay que subrayar además la ayuda que estas hermanas han aportado al Encuentro Internacional con la presencia Sor Mary- Philippa que ha asumido durante el Encuentro el trabajo de traducción simultánea francés-inglés.

    El encuentro

    Llegué Lille el sábado 9 de agosto a las 13 horas. Fui acogida por Sor Marie-Josèphe, una de las tres hermanas acompañantes del grupo de Flandres junto con Sor Marie-Simone y Sor Marie-Christiane.

    El primer contacto, sencillo, amigable, atento, me produjo un sentimiento íntimo de estar en familia. Desde entonces pude abandonarme a una paz interior muy necesaria, pero siempre muy difícil de percibir en medio del ajetreo de la vida cotidiana.

    Desde mi llegada, fui presentada a Sister Mary- Helen, la nueva Priora General, recientemente elegida por sus hermanas por una duración de seis años, de origen inglés.

    Pude aprovechar esa tarde de tranquilidad para descubrir mejor la historia de nuestras hermanas Bernardinas. No la conocía. Mi pequeña experiencia marcada más bien por la familia trapense me dejó un poco perpleja al saber que autenticas cistercienses formaban escuela. Y después he conocido su historia de "mujeres fuertes del evangelio", según el término que me atrevo a emplear.

    Comprometidas en la vida religiosa cisterciense desde 1799, después de los tormentos de la Revolución, tuvieron necesidad de una actividad en la enseñanza. A lo largo del siglo XIX, sometidas a otra regla diferente que la de San Benito, por voluntad de un sacerdote que quiso hacer de ellas una congregación apostólica, animado por el obispo del lugar, ellas vivieron su fidelidad cisterciense en secreto. Sus llamadas incesantes a Roma para verse reconocidas cistercienses no dieron resultado hasta la mitad del siglo XX.

    Esta fidelidad me ha llegado al corazón; todos los signos de esta independencia, entrañablemente adquirida, no han dejado de habitarme a lo largo de mi estancia y desde entonces hasta hoy.

    Previendo su expulsión a comienzos del siglo XX, fundaron en Inglaterra, en Bélgica y desde allí en el Congo, en Japón y en Burkina Faso.

    El domingo por la mañana, después de la misa celebrada en la bellísima iglesia recién construida, fui acogida por las hermanas capitulares. Los monasterios habían enviado delegadas y la asistencia reagrupaba a una treintena de hermanas aproximadamente.. Estaba presente una representante de la Orden Cisteciense, Madre Hildegarde de Mariastern (Austria); Dom Guillaume y Madre Inés de OCSO, habían sido recibidos la víspera por el Capítulo. Sus intervenciones habían sido muy apreciadas.

    Ante tal asistencia, frente a una "calidad cisterciense" semejante, no tuve miedo. Mi pequeñez incluso me ayuda, fuerte únicamente por todo lo que ya he recibido, en N.D. du Désert, en el seno del Comité Internacional, y durante las jornadas de Huerta.

    Por eso mi presentación del movimiento laico cisterciense fue el relato de una experiencia, de mi experiencia. Incluso si yo hubiese querido hacer una exposición muy elaborada, no hubiera tenido tiempo desde el regreso de Huerta , por eso yo decidí hablar sin notas, abrir verdaderamente mi corazón y mi memoria.

    Madre Josephine-Mary, Sor Marie-Josèphe, Sor Mary- Philippa —las tres presentes en Huerta- formaban parte de los asistentes. Madre Josephine-Mary intervino para decir hasta que punto ella había percibido en los laicos el deseo de vivir auténticamente los valores monásticos como la alabanza de Dios, la ayuda fraterna y la estabilidad en el compromiso.

    Las hermanas estaban muy atentas; el intercambio duró una hora y media. Una hermana habla de un verdadero Pentecostés, varias subrayan la acción del Espíritu Santo. Una de ellas habla de verdadero semillero para fecundar el mundo.

    El domingo por la tarde fue el momento de encuentro con los miembros del grupo de Flandres presentes en este tiempo de vacaciones, acompañados de Sor Marie-Simone y Sor Marie-Chrristiane. Leemos, o mejor, releemos los documentos de Huerta, ocasión para subrayar la autonomía de cada comunidad laica. Conviene precisar la total ausencia de autoridad del Comité Internacional en la vida interna de cada comunidad, de intercambiar a propósito del documento "lazos de caridad que nos unen", de la asociación ad experimentum decidida en Huerta. Intercambios muy directos, libres, atreviéndose a abordar las diferencias de percepción de unos y otros, perfectamente legítimas en la medida en que no turben la comunión que nos une y que es lo esencial.

    Debo añadir que esta comunión, yo la he sentido y que he sido particularmente feliz en estos diálogos.

    Después de Vísperas, sor Marie-Simone y yo misma, prolongamos este encuentro con un diálogo que me iluminó todavía más sobre la belleza de nuestras hermanas.

    La cena, tomada en autoservicio, dejó la posibilidad de hablar. Tuve la suerte de encontrar a las hermanas del Congo y de Burkina. "Alucinación" no es una palabra vana para describir lo que sentí ante tanto valor y tanta fe.

    El lunes por la mañana, el tiempo libre dio ocasión a nuevos intercambios, particularmente con Sor Benedicte de San Bernard del Touvet y Sor Marie-Josephe.

    Los ecos que me llegan son bastante unánimes. El movimiento de laicos cisterciense es acogido como un signo de los tiempos, que debemos aprender a leer para responder al deseo de Dios. Estoy conmovida al escuchar varias veces y con una gran riqueza de expresión: "¡vosotros los laicos nos enviáis a nuestra vocación!, tenemos ganas de vivir mejor todavía nuestra espiritualidad cisterciense". Veo aquí como una confirmación del regalo extraordinario de amistad que se nos está ofreciendo a todos y en el cual uno ya no sabe quien da y quien recibe.

    Acompañada a la estación por Sor Cecile Marie, de la comunidad de La Plaine, tuve todavía tiempo de saborear algunos intercambios sobre nuestros lazos cistercienses antes de subir al TGV (el AVE) y más allá a la vida cotidiana.

  • Votum (8 junio 2008)
  • Votum


    Los representantes de las Comunidades de Laicos Cistercienses presentes en el Encuentro Internacional de Huerta, en junio de 2008, agradecen calorosamente a las Congregaciones y Ordenes de la Familia Cisterciense su acogida y su apoyo después de tantos años.

  • Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses (7 junio 2008)
  • Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses


    Los lazos de caridad que nos unen

     

     

     

    Al igual que los monasterios cistercienses, cada Comunidad Laica Cisterciense es autónoma en relación a las demás, pero todas ellas están unidas por lazos de caridad.

     

    Para concretar de algún modo estos lazos de caridad, los representantes de las diversas Comunidades Laicas Cistercienses presentes aquí, en el Encuentro Internacional de Santa María de  Huerta,  Junio 2008, deciden crear una Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses,  que actuará ad experimentum hasta el próximo Encuentro Internacional que se celebrará dentro de tres años.

     

    En efecto, una de las formas principales de expresar esta unión es celebrando una reunión internacional cada tres años.

     

    Los que participan en estas reuniones son los delegados, miembros elegidos por cada comunidad, así como el monje o monja acompañante.

     

    Es responsabilidad del  Encuentro Internacional la elección de un Comité formado por tres miembros, uno por cada uno de los principales grupos lingüísticos.

     

    La misión de este Comité en particular está orientada a establecer canales de comunicación entre todas las Comunidades Laicas entre sí, y con las Ordenes y Congregaciones Cistercienses, así como organizar un Encuentro Internacional cada tres años.

     

    Para permitir un funcionamiento apropiado a la Asociación, es conveniente una contribución económica por parte de los miembros representados en dicha Asociación.  El Comité será responsable de la gestión contable de los fondos de la Asociación.  En cada  reunión internacional, el Comité, presentara el correspondiente estado de cuentas.

     

    Otras formas de expresión de los lazos de caridad entre las comunidades son, por ejemplo, reuniones regionales de Comunidades Laicas, compartir recursos, documentos, informes, etc. y otras reuniones ocasionales entre algunas comunidades.

     

    El Comité tiene la responsabilidad de desarrollar los documentos básicos para el establecimiento  permanente de la Asociación en el próximo Encuentro Internacional, con la participación de todas las Comunidades de Laicos Cistercienses que existen.

     

    Se confiere también al Comité Internacional la autoridad para armonizar el texto sobre la Identidad Laica Cisterciense en los varios idiomas

  • Identidad Laica Cisterciense (Huerta 2008) (6 junio 2008)
  • Identidad Laica Cisterciense (Huerta 2008)


    (Versión final)

     

    IDENTIDAD LAICA CISTERCIENSE

     

     

    Síntesis final extraída de las tres síntesis previas, fruto de las aportaciones de las comunidades laicas cistercienses Anglófonas, Francófonas, e Hispano parlantes, que ha sido concluida en el Encuentro Internacional de Santa Maria de Huerta, (España), el 6 de Junio de 2008.

     

     

    1.  Vocación Laica Cisterciense

     

                1.1 De forma individual se reconoce como una llamada personal que se experimenta comunitariamente como un don de Dios.  Lo definimos como una llamada a ser testigos activos de Cristo y de su Iglesia, en medio del mundo, dando un testimonio orante y contemplativo en una vida definida por los valores propios del carisma cisterciense, guiada por la Regla de San Benito como una forma concreta de interpretar el Evangelio, así como por nuestros Padres y Madres cistercienses.  Es un camino de conversión continua que nos conduce a redescubrir y a profundizar en la gracia de nuestro bautismo y que nos ayuda a desarrollar una fe adulta.

     

               

     

    2.  Vida Laica Cisterciense

     

    2.1.  Creemos que la espiritualidad cisterciense es posible adaptarla a la vida de un laico, si bien queda muy claro que son dos formas distintas de vivirlo, monástica y laica, ambas son complementarias.  Ello pone de manifiesto la vitalidad de la vida monástica.  Los laicos hemos encontrado en la espiritualidad cisterciense un modo de vivir en el mundo con mayor entrega y profundidad espiritual.  Todos afirmamos que el carisma cisterciense puede ser vivido fuera del monasterio.

     

    2.2.  Hay gran diversidad en las prácticas de la vida laica cisterciense, pero sin bien las formas pueden ser diversas, se utilizan los mismos medios para un único fin: la búsqueda de Dios.

     

    2.3.  Todos los valores y las prácticas cistercienses son un camino de liberación y un medio de conversión interior, y pueden ser incorporados a la vida de los laicos :

     

    Oración y alabanza

    Confianza y el abandono en Dios

    Humildad

     

    Obediencia

    Pobreza

    Castidad

     

    Austeridad

    Simplicidad de vida

    Equilibrio de vida

     

    Silencio y soledad

    Trabajo

    Hospitalidad y servicio

     

    Estabilidad

    Sencillez

    Alegría

     

    2.4.  Esta unificación interior, este camino de conversión, y este deseo de encarnación, nacen y se realizan en la elección de "no anteponer nada al amor de Cristo" (RB 72) viviendo en el mundo sin ser del mundo (Cf.  Juan 17, 9-16). 

     

    2.5.  Es una experiencia de transformación, tanto interior como exterior (conversatio morum), que se manifiesta en la frecuencia en los sacramentos, teniendo como centro la Eucaristía; el estudio orante de las Escrituras por la Lectio Divina; la fidelidad al Oficio Divino; la devoción filial a la Virgen María; la acogida al hermano y la hermana; un cambio de prioridades; una nueva forma de ordenar el día; una nueva forma de amar desde el amor de Dios; el deseo de formación y la necesidad de ser guiado espiritualmente; experimentar el trabajo como colaboración en la construcción del Reino de Dios sin que el objetivo sea nuestro enriquecimiento personal.

     

    2.6.  La dimensión cenobítica de nuestra vida laica cisterciense halla su expresión en la unión espiritual que experimentamos con todos los miembros de nuestra comunidad, tanto laica como monástica, por una vida más ascética y que nos lleva a estar unidos en la oración, el trabajo y la liturgia, aunque estemos separados físicamente.

     

    2.7.  Nuestra misión en cuanto Laicos Cistercienses se concreta en una vida testimonial, independientemente de que estemos implicados o no en diversas acciones apostólicas y sociales.  El punto fundamental de nuestra vida laica cisterciense es encontrar el equilibrio entre los tiempos de oración y de acción.

     

     

     

    3.  Comunidad Laica Cisterciense

     

     

    3.1.  La experiencia de comunidad se expresa como el nacimiento de una nueva familia en la que se recibe ayuda y fortaleza para vivir con esperanza y sin miedo el compromiso cristiano.  Experimentamos que orar juntos crea comunión y ello nos une en la distancia y nos fortalece.  También constatamos que el mayor vínculo es haber sido unidos por el Espíritu Santo en una misma búsqueda: la búsqueda de Dios, y en consecuencia la comunidad es un enriquecimiento personal por la transmisión de valores entre todos sus miembros.  Nuestra experiencia de comunidad nos hace sentir Cuerpo de Cristo.  Sentir la necesidad de los otros alienta nuestra caridad y nos enseña humildad.  La comunidad es un instrumento puesto por Dios para nuestra santificación. 

     

    3.2.  Para la gran mayoría de nuestras comunidades es fundamental formalizar con algún tipo de compromiso personal de cada miembro ante la comunidad laica y monástica, como deseo y decisión que nos lleva a responder ante Dios a su llamada a esta vocación laica cisterciense. 

     

    3.3.  Hay gran diversidad en la forma de organizar nuestras comunidades laicas.  Se puede decir que algunas son más reacias a crear estructuras. 

     

     

     

    4.  Vínculo con el Monasterio y con la Familia cisterciense

     

    4.1.  La comunidad monástica es la heredera del carisma cisterciense en su forma actual.  Las Comunidades Laicas Cistercienses, por su comunión con una comunidad monástica, reciben luz y formación por medio de los monjes y monjas, pero hay divergencia en lo que concierne a los vínculos concretos que nos unen y en la forma de describir estos lazos. 

     

                4.2.  Sentimos las comunidades, monástica y laica, como una sola familia con distinta expresión de vida, pero todos tenemos muy clara la diferencia entre un laico/a y un monje/a. 

     

    4.3.  Para todos los grupos, es la comunidad monástica, representada por el Abad o Abadesa, quien reconoce en ellos el carisma y les confiere su pertenencia a la familia cisterciense según la naturaleza de los lazos que les unan. 

     

    4.4.  Es común a todas las comunidades y a todos sus miembros sentir el monasterio como nuestra casa y el lugar concreto donde el Señor une de una forma especial a ambas comunidades, laica y monástica, y a todos sus miembros entre sí.  La hospitalidad de los monjes y monjas hace presente el Amor de Dios.

     

    4.5.  El hecho de ser Laicos Cistercienses no nos confiere privilegios en nuestra relación con la comunidad monástica sino que nos hace conscientes de nuestros deberes y responsabilidades.

     

    4.6.  Nuestras comunidades laicas tienen, con distintas frecuencias, sus Encuentros en el monasterio, en donde recibimos formación y aprendemos a amarnos unos a otros, en una nueva forma de relacionarnos centrada en Cristo, en la que todos los miembros hemos sido escogidos y llamados por Dios

     

    4.7.  Monjes — monjas, y laicos — laicas, aprendemos unos de otros la vida fraterna perseverando juntos en el camino de la santidad. 

     

                4.8.Muchos miembros de las comunidades laicas acudimos al monasterio de forma individual.  Pero todos estamos de acuerdo en afirmar que para ser laico cisterciense no basta con sentirse atraído por un monasterio, sino que es necesario formar parte de la comunidad de laicos.

     

     

     

     

    5.  Epilogo

     

     

    5.1.  Creemos que las comunidades laicas cistercienses son obra del Espíritu Santo, pues sin casi haber comunicación entre unas y otras, su modo de vivir y sentir el carisma laico cisterciense está en total comunión entre todas ellas.  Todos estamos de acuerdo en afirmar que en el laicado cisterciense, el carisma cisterciense, que durante novecientos años ha sido exclusivamente monástico, ha encontrado, por la gracia de Dios, una nueva forma de expresión,

     

     

    5.3.  En todas las Comunidades laicas existe el deseo de respetar y mantener la diversidad en aquellas cosas que no rompen la comunión.  Vivir un mismo carisma con diversidad de expresiones unidas en lo esencial. 

     

     

     

    Llamados y transformados por Cristo

     

    ¡María! ¡Rabunni!

  • Acta de reunión (1 septiembre 2007)
  • Acta de reunión


    Me dirijo a vosotros para poneros al corriente de la reunión anual que hemos mantenido los tres miembros del Comité Internacional: Dennis Day, Marie Christine Rossignol, y yo misma, Tina Parayre, conjuntamente con nuestro enlace monástico, Dom Armand Veilleux. La reunión se ha celebrado en el Monasterio de Santa María de Huerta, sede del próximo Encuentro Internacional, los días 10 al 18 de Septiembre 07.

    Hemos sido acogidos por Dom Isidoro, la comunidad monástica y la Fraternidad Laica con una exquisita hospitalidad cisterciense. Charo Alcedo, coordinadora general de la Fraternidad, estuvo allí desde nuestra llegada, pendiente de todos los detalles y procurando facilitar al máximo nuestro trabajo.

    Teníamos una apretada agenda, por lo que desde la llegada de Dennis, y a pesar de su largo viaje y la diferencia horaria, nos pusimos manos a la obra. Podéis imaginar que el tema principal de nuestro trabajo ha sido elaborar el programa del próximo Encuentro Internacional, preparar el contenido y organizar la agenda diaria de trabajo, con toda la complejidad que entraña ajustar horarios para tener tiempo para todo.

    Durante dos días estuvimos reunidos con los representantes de la Fraternidad anfitriona, y un día con todos los miembros de la Comunidad Lacia, quienes con gran ilusión y entusiasmo van a cuidar todos los detalles de la acogida, logística, alojamiento, etc. No es nada fácil la tarea de acoger, posiblemente, a más de doscientos participantes, pero estamos seguros de que la Providencia les ayudará en todo. Estamos poniendo especial atención en la buena calidad de la traducción simultánea.

    Finalidad y objetivos del Encuentro


    El Comité Internacional, conjuntamente con Dom Armand Veilleux, nuestro enlace con OCSO nombrado por el Capítulo General, después de estos años de trabajo y deliberaciones hemos propuesto los siguientes objetivos para el Encuentro Internacional de Huerta 08

    • Aprobar entre todas la Comunidades Laicas Cistercienses representadas, un documento que dé respuesta a este interrogante: ¿Cuál es la identidad Laica Cisterciense, tanto de forma individual como comunitaria?
    • Determinar qué tipo de relación canónica debería establecerse entre las Comunidades Laicas Cistercienses y las diversas ramas (OCSO, Congregación de San Bernardo, OCIST etc. . .) de la Familia Cisterciense.
    • Buscar el tipo de organización más idóneo entre las Comunidades Laicas Cistercienses para responder los dos puntos anteriores.
    Lugar del Encuentro


    El marco donde se desarrollará el Encuentro reúne todas las condiciones para crear un ambiente de trabajo que nos sumerja en el carisma cisterciense. Tendremos el privilegio de desarrollar todas las Asambleas Plenarias en el emocionante Refectorio Gótico (Siglo XII) del monasterio, la Santa Misa, Laudes, Vísperas y Completas las celebraremos también en el monasterio con la comunidad monástica, mientras que las Horas Menores las rezaremos en el lugar de trabajo. El alojamiento será en el antiguo Colegio -Internado del Sagrado Corazón, que sigue perteneciendo a esta orden religiosa, pero que ya no se utiliza como colegio. Se encuentra a escasos cinco minutos andando del monasterio. Las habitaciones son pequeñas, casi todas individuales, tienen un lavabo incorporado, pero las duchas y WC se hallan en los pasillos. Está todo limpio y cuidado, y con una sencillez y austeridad que creo nos ofrecerá todo lo necesario para un merecido descanso después de la apretada agenda diaria de trabajo. Al ser un antiguo colegio dispone de muchas salas para poder desarrollar cómodamente los trabajos en grupos.

    Invitados


    Dada la importancia de este Encuentro tenemos el honor de invitar a personas de gran importancia espiritual para nosotros. Esperamos poder contar con su presencia:

    1. Abad General OCSO - Dom Bernardo
    2. Abadesa Presidenta CSB - M. Mª Jesús
    3. Abad General OCIST- Dom Mauro
    4. Madre Presidenta de la Congregación OCIST de Castilla
    5. Abades de las Bernardinas d’Esquermes
    6. Obispo de Soria.
    Programa de la semana


    • Sábado 31 de Mayo
      • Llegada de los participantes
    • Domingo 1 d Junio
      • Misa de Solemne de Apertura.
      • Introducción al Encuentro.
      • Presentación del Documento Síntesis sobre nuestra Identidad Laica Cisterciense en Español, Francés e Inglés.
    • Lunes 2 de Junio
      • Consolidación del Documento en los tres idiomas,
      • Presentación de enmiendas y diálogos entre todos los participantes.
    • Martes 3 de Junio
      • Incorporación de las enmiendas y conclusión del Documento para ser votado.
      • Presentación a cargo de Dom Armand Veilleux: " Historia y desarrollo de los Laicos Cistercienses dentro de la Orden del Cister".
      • Trabajos en grupos sobre "Laicos Cistercienses y Comunidades Laicas Cistercienses" iluminados por la presentación anterior.
    • Miércoles 4 de Junio
      • Votación y posible aprobación del Documento.
      • Reflexión sobre los diferentes modelos canónicos de incorporación a las diferentes ramas de la Familia Cisterciense (Dom Armand).
      • Reflexión y diálogo sobre las diferentes formas de relación.
    • Jueves 5 de junio
      • Día libre. Excursiones a Ávila, Toledo y Segovia
    • Viernes 6 de Junio
      • Acuerdo final sobre las funciones y estructura interna de Las Comunidades Laicas Cistercienses.
      • Gastos y Presupuestos.
      • Encuesta sobre el Encuentro.
      • Comentarios Finales.
    • Sábado 7 de Junio 07
      • Misa Solemne de Clausura.
      • Concierto Coral de Música Sacra y Popular Española.
      • Despedida.
    Horario diario


    • 05:00 Vigilias (optativo)
    • 07:15 Laudes y Misa
    • 08:30 Desayuno
    • 09:00 Sesión de Trabajo
    • 11:00 Descanso
    • 11:30 Trabajo
    • 13:30 Comida
    • 15:00 Sesión de Trabajo
    • 16:30 Descanso
    • 17:00 Trabajo
    • 18:45 Vísperas
    • 19:45 Cena
    • 20:45 Completas (optativo)
    Horas Menores


    Rezaremos las Horas Menores en Español cuando coincidan con las Asambleas plenarias y en las diferentes lenguas cuando coincidan con los trabajos en grupos

    Eucaristía


    La Misa será siempre en Español excepto el Martes que se celebrará en Inglés y el Viernes que se celebrará en Francés

    Reserva y costes


    Tal como os escribí en la carta del año pasado, sólo podrán participar en el Encuentro DOS representantes laicos y su acompañante monástico. La elección de vuestros representantes debéis hacerla teniendo en cuenta que se deberán tomar importantes decisiones, por lo que es aconsejable que sean miembros cualificados y con fuerte vinculación al grupo y al monasterio. El Encuentro va a suponer un gran esfuerzo comunitario, con muchas horas de trabajo

    El precio por persona es de 600 €. Esta cantidad incluye 8 noches, pensión completa, el material necesario para el Encuentro (alquiler de los aparatos para la traducción simultánea, megafonía, transporte a los aeropuertos, etc). En el Encuentro os presentaremos las cuentas detalladas de todos los gastos. Si alguno de vosotros, de forma individual o en grupo, quiere colaborar en el Fondo Común para ayudar a los hermanos con economías menos saneadas, puede hacerlo. Algunos hermanos nuestros no podrían participar en el Encuentro sin nuestra ayuda.

    Síntesis del Documento de las Comunidades de habla hispana


    Con todos los Documentos que habéis enviado vamos a redactar una síntesis por cada lengua. En Diciembre os será enviada la síntesis de los Documentos de las Comunidades de habla hispana para que podáis hacer las correcciones necesarias. (También os enviaremos las síntesis Francófonas y en lengua Inglesa como simple información). Después de recibir vuestras observaciones, redactaremos una única síntesis con las tres lenguas, que también os será remitida para que tengáis la oportunidad de estudiarla antes del Encuentro, pues será el texto mártir que deberemos trabajar entre todos.

    Cartas Fundacionales y/o Estatutos


    Todos los que tengáis documentos fundacionales, Cartas de Caridad, Estatutos, etc. por favor enviádmelos también antes del 15 de Diciembre para que puedan ser incluidos en la Información de cada Comunidad en nuestra Página Web antes del Encuentro para que todos los que estén interesados puedan tener acceso a ellos.

    Informes Internos


    Junto a esta carta os adjunto un cuestionario que deberéis rellenar y enviármelo antes de del 15 de Diciembre. Este cuestionario es una breve descripción de vuestra comunidad laica. Con estos informes vamos a confeccionar un libro del que podréis disponer en nuestra Página Web. Este libro, que podréis imprimir, contendrá la información de todas las comunidades participantes y sustituirá las presentaciones. Los que habéis tenido la ocasión de participar en anteriores Encuentros sabéis lo monótono y largo que resultaba, si bien es importante poder disponer de dicha información. Leed atentamente todas las instrucciones antes de escribirlo.

    Viaje


    Para los que venís de Hispanoamérica, supongo que os gustará saber que el Monasterio de Santa María de Huerta se halla situado en la provincia de Soria, en plena Castilla, en un pequeño pueblo de 350 habitantes que lleva el mismo nombre del monasterio. El aeropuerto más cercano es Madrid - Barajas a 150Km de distancia.

    Conclusión


    En nuestra página Web podréis encontrar toda la información sobre el Encuentro y los detalles prácticos sobre cómo hacer las reservas, etc.

    Como podéis ver ya estamos en marcha hacia este acontecimiento tan importante y que puede marcar un hito histórico. Espero que todos estéis tan ilusionados y esperanzados como lo estamos nosotros.

    No dudéis en contactar conmigo para aclarar cualquier duda que podáis tener. Ya sabéis que me tenéis a vuestra entera disposición.

    Por favor, confirmad la recepción de este e-mail para que pueda estar segura que habéis recibido esta importantísima información.

    Espero que durante los próximos meses podamos ir teniendo una estrecha y frecuente comunicación.

  • Acta de reunión (11 al 15 de Septiembre 2006) (4 octubre 2006)
  • Acta de reunión (11 al 15 de Septiembre 2006)


    Acta del Comité Internacional de Dirección
    Reunión Anual - 11 al 15 de Septiembre 2006-10-02
    Abadía de Nuestra Señora de Scourmont, Bélgica

    Asistieron: Tina Parayre, Marie- Christine Rossignol y Dennis Day, y en calidad de Enlace con OCSO: Dom Armand Veilleux.

    1. En respuesta a la solicitud presentada ante el Capitulo General OCSO en Octubre 2005, Dom Armand Veilleux, Abad de Nuestra Señora de Scourmont, fue nombrado Enlace para aconsejar y asistir a las reuniones del Comité Internacional de Dirección.
    2. El Comité revisó la situación de las Comunidades Laicas Cistercienses de todo el mundo, llegando a la conclusión que no es tarea del Comité llegar a una definición de las Comunidades Laicas Cistercienses ni determinar sus criterios de funcionamiento. La misión del Comité es estar al servicio de las Comunidades Laicas Cistercienses que se identifican como tales dándose de alta en la WEB de los Laicos Cistercienses Internacionales.
      • Tina y Dennis visitaron la Comunidad Laica de Santa María del Paraíso, Ecuador, en Febrero 2006, donde también tuvieron la oportunidad de conocer a miembros de otras Comunidades Laicas Cistercienses de otras naciones Latinoamericanas.
      • Marie Christine se reunió con los representantes de un gran número de Comunidades francófonas en Scourmont en Mayo del 2006.
      • Tina asistió a una reunión con representantes de varias Comunidades Laicas Cistercienses Españolas en Huerta.
      • Próximas reuniones:
        • Dennis se reunirá con la comunidad hispano parlante de Florida del Sur.
        • Marie Christine visitará Timaduc y también el CSMF en Lourdes
        • Tina procurará reunirse con las Comunidades Laicas Cistercienses de Alemania.
        • El Comité decidió que no es necesario establecer ningún vínculo con ARCCIS.
    3. Se revisó el Documento de la Estructura y Misión del Comité haciendo las siguientes constataciones:
      • Los tres miembros que representan en la actualidad al Comité, coincidieron en opinar que el funcionamiento del Comité es mucho más eficaz y menos gravoso económicamente, siendo sólo tres en lugar de cinco, uno por cada grupo lingüístico mayoritario. Las modificaciones que a tal efecto se deberían hacer en el Documento de la Estructura y Misión no se realizarán hasta el Encuentro Internacional de 2008.
      • Nombramiento de nuevos miembros para las dos plazas vacantes del Comité: Siguiendo el consejo de Dom Armand se ha decidido no nombrar sustitutos hasta que puedan haber nuevas elecciones en el Encuentro Internacional 2008.
      • Todos loa cambios a dicho Documento se remitirán al Encuentro Internacional 2008 para que puedan ser revisados y aprobados por las Comunidades Laicas que estén presentes.
    4. Principios de Buenas Prácticas, es un Documento creado por el Comité como herramienta de ayuda para su mejor funcionamiento. Después de traducido a los tres idiomas, dicho Documento, será publicado en la Web.
    5. Encuentro Internacional 2008
      • El IV Encuentro Internacional tendrá lugar en el Monasterio de Santa María de Huerta (Soria, España) los días 31 de Mayo al 9 de Junio del 2008. La asistencia al mismo será por invitación, que recibirán únicamente las Comunidades Laicas Cistercienses que se hayan dado de alta en nuestra Web. Podrán participar un máximo de tres personas por Comunidad Laica.
      • Hasta el momento el Comité ha vislumbrado tres propósitos prioritarios a conseguir:
        • Redactar un Documento para ser presentado al Capitulo General OCSO, expresando nuestra identidad Laica Cisterciense, tanto de forma individual como comunitaria. Para conseguir está finalidad, todas las Comunidades Laicas Cistercienses serán invitadas a hacer un trabajo previo al Encuentro para que todos, tanto de forma individual como comunitaria, puedan dar una respuesta a esta cuestión.
        • Desarrollar y proponer al Capitulo General OCSO un modelo de relación y vinculación de las Comunidades Laicas tanto con sus propios monasterios locales como con OCSO.
        • Elaborar una estructura de liderazgo que sirva a las necesidades de todas las Comunidades Laicas Cistercienses.
      • El Comité ha iniciado el desarrollo del presupuesto para el Encuentro 2008
      • El Comité ha iniciado la clara distribución de competencias para la preparación del próximo Encuentro: Las que son responsabilidad del Comité y las que son delegadas a la Comisión Coordinadora Local que será nombrada por la Comunidad Laica de Huerta a tal efecto.

    La próxima reunión del Comité Internacional tendrá lugar en el monasterio de Huerta, previsiblemente, los días 10 al 17 de Septiembre 2007

  • Acta de reunión (October 17 – 22, 2005) (8 noviembre 2005)
  • Acta de reunión (October 17 — 22, 2005)


    Acta de la primera reunión
    del Comite Internacional de los Laicos Cistercienses
    Asis, Ocubre 05

  • De Dom Bernardo... (1 octubre 2005)
  • De Dom Bernardo...


    Querida Tina: gracias por los documentos enviados que leeré con calma. En efecto, vuestra presencia en el Capítulo ha sido un gran paso adelante en todo sentido.

Familia Cisterciense

  • Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (OCSO)
  • Orden Cisterciense (OCist)
  • Bernardine Cistercians of Esquermes
  • Congregación Cisterciense de San Bernardo
  • Hermanas Bernardinas de Oudenaarde

Textos cistercienses básicos

  • Exordium Cistercii
  • Carta de Caridad
  • Exordium Parvum
  • Exordium: Programa De Reflexion y Estudio Sobre Los Valores De La Reforma Cisterciense

La Regla de San Benito

  • La Regla de San Benito
  • La Regla de San Benito (intratext)


REUNIONES INTERNACIONALES:

  • Dubuque 2011
  • Huerta 2008
  • Clairvaux 2005
  • Conyers 2002
  • Quilvo 2000


IDIOMA PREFERIDO:

  • English
  • Español
  • Français


HOY EN INTERNET

  • Las Lecturas de hoy de la Misa
  • La Liturgia de las Horas de hoy
  • Evangelio del dia
  • Calendario Liturgico
  • Las Lecturas de la Misa y Los Comentarios  (Latinoamérica).


LAZOS IMPORTANTES

  • La Orden de San Benito



© Association des Communautés de Laïcs Cisterciens